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La situación en Europa Inf Salud

La situación en Europa

 

1. Estado de salud

España es una parte del territorio europeo con niveles de salud comparativamente buenos. Ello tiene su reflejo en indicadores objetivos, como la esperanza de vida, la mortalidad o la morbilidad, pero también en la propia percepción de los ciudadanos. Ajustando por edades para evitar la interferencia de las distintas pirámides demográficas, el porcentaje de población adulta con una autovaloración negativa de su estado de salud es en España inferior al promedio europeo, y la ventaja se amplía en 2017, año en el que obtiene la sexta mejor posición. Aunque las pautas de morbilidad no difieren mucho de las del conjunto de la Unión Europea, España ha reducido más deprisa y con mayor intensidad que otros países la mortalidad asociada a las principales enfermedades desde los años noventa. En mortalidad por enfermedad isquémica del corazón, enfermedad cerebrovascular o cáncer de mama, España se sitúa actualmente entre los cinco países con menores tasas de mortalidad dentro de la Unión Europea, y en algunos casos lidera la clasificación. Entre las tendencias negativas, cabe destacar que la mortalidad femenina por cáncer de pulmón, pese a ser inferior al promedio europeo, ha seguido una tendencia creciente. Crece igualmente desde principios de siglo la incidencia de la sífilis y otras enfermedades de transmisión sexual (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2017), tanto en España como a nivel europeo. Solo entre 2012 y 2016, los casos de gonorrea, una de las enfermedades que más se ha expandido, han pasado de 7 a 15 por cada cien mil habitantes en España, y de 13 a 19 por cada cien mil habitantes en el conjunto de la Unión Europea, según los datos ofrecidos por el Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades.

También ha evolucionado favorablemente en España la situación comparativa en cuanto a limitaciones en la actividad cotidiana debido a problemas de salud. Partiendo de una posición intermedia en 2009, los datos de 2017 sitúan a España como el cuarto país de la Unión Europea con menor porcentaje de personas adultas que declaran sufrir algún tipo de limitación (moderada o grave), y el segundo país si la comparación se limita a las de carácter grave. Si los datos de 2018 confirman esta tendencia, se trataría de una mejora con implicaciones potencialmente favorables sobre la demanda futura de cuidados de larga duración. De hecho, es precisamente la población mayor de 65 años la que más ha visto reducirse la prevalencia de las limitaciones graves autopercibidas, tanto en España como en el promedio de la Unión Europea. Con los datos más recientes, España ocuparía la quinta mejor posición dentro del ranking europeo.

 

2. Hábitos de vida saludables

España ocupa, por lo general, una posición intermedia dentro del contexto europeo en la adopción de hábitos de vida saludables, aunque existen diferencias según los indicadores: tenemos una dieta más sana, pero también un mayor consumo de drogas ilegales, como la cocaína o el cannabis. Un 23% de los adultos fuma a diario, un porcentaje similar a la media europea que supone, de hecho, una mejora con respecto a situaciones pasadas. Las pautas de consumo de alcohol no son fácilmente comparables por las diferentes costumbres nacionales: España tiene comparativamente muchos bebedores diarios, pero también un mayor porcentaje de abstemios, según la información recabada por Eurostat.

La adherencia a la dieta mediterránea se considera, a menudo, uno de los factores que podrían explicar la elevada esperanza de vida lograda en países como España, que lidera junto a Francia la clasificación europea de este indicador. La dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, cereales, legumbres, pescado y aceite de oliva, ha sido considerada por la Organización Mundial de la Salud como una forma de alimentarse que tiene contrastados efectos positivos sobre la salud. Con datos de 2014, España es efectivamente un país que destaca dentro de la Unión Europea por el bajo porcentaje de población que realiza un consumo insuficiente de frutas y verduras (Figura 20).

Junto a la dieta, los hábitos de actividad física de los ciudadanos son otro factor que puede tener consecuencias en términos de salud. España no destaca positivamente en este ámbito: algo más de la mitad (53,1 %) de los adultos no dedican nada de tiempo a la semana a realizar actividades físicas consideradas como beneficiosas para la salud. Para este indicador la media europea está en 50,7% y los países con menores niveles de sedentarismo (Austria, Suecia, Finlandia y Dinamarca) presentan tasas en torno al 20%. Las mayores diferencias por edad con respecto al promedio europeo se dan entre los mayores de 65 años. Dada la importancia que el ejercicio tiene para mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades (a cualquier edad), sería importante promover la actividad física, especialmente entre las personas mayores.

La obesidad es un problema de salud que crece en Europa, debido a la combinación de dietas incorrectas e insuficiente actividad física. En 2014, España era un país con una prevalencia de la obesidad por encima de la media europea. El problema tiende a aumentar con la edad en todos los países, y lo hace con especial intensidad en España, donde las personas mayores de 65 años son comparativamente más obesas (23,8%) que en el promedio de UE-28 (19,9%). Pero quizás la tendencia más preocupante en Europa, además de la de los mayores de 65 años, es el aumento de la obesidad entre los jóvenes. La tasa de obesidad para la UE alcanza en 2014 el 10% entre los 25 y los 34 años (un 11,2% en España).

Respecto al uso de drogas, España se encontraba en 2015 entre los cinco países de la Unión Europea con mayor prevalencia en el consumo de drogas ilegales entre los jóvenes de 15 a 34 años. El cannabis es la droga ilegal más extendida en la población europea. En la mayoría de los países el porcentaje de jóvenes entre 15 y 34 años que han consumido cannabis en los últimos 12 meses creció entre 2008 y 2016. Sin embargo, España se encuentra entre los siete países de la Unión Europea donde ese consumo disminuyó entre 2008 y 2016.
 

 

3. Acceso a la atención sanitaria

La mayoría de los países europeos tienen sistemas de salud universales orientados a garantizar la atención a todos sus ciudadanos. Ello hace que esta zona del mundo muestre indicadores de inaccesibilidad al sistema muy bajos: los adultos que declaran haber tenido que renunciar a ir al médico o al dentista durante el año previo por razones económicas, listas de espera o distancia excesiva no llegan al 5%. En el caso de la atención sanitaria general, España obtiene valores prácticamente nulos para este indicador, liderando en 2017 una clasificación europea en la que los peores puestos corresponden a Grecia y Estonia (con valores que superan el 10%). En el caso de la atención dental, solo en Portugal, Grecia y Estonia la inacessibilidad supera el 10%. Este indicador creció en España durante la crisis hasta superar la media europea y sigue estando por encima de la misma en 2017 (4% en España, frente a 2,9% en el promedio europeo).

La Encuesta Europea de Salud realizada en los países europeos en torno al año 2014 incluyó preguntas más detalladas para comparar el acceso a la salud. Los resultados amplían, y a la vez confirman, el panorama anterior: el sistema sanitario español es uno de los más accesibles a los ciudadanos en la atención médica general, así como en medicamentos y salud mental, pero tiene un desempeño inferior al promedio en atención dental. Por otra parte, España pierde posiciones, hasta situarse en undécimo lugar, cuando se pregunta a los encuestados por la demora excesiva en la atención sanitaria debido a listas de espera.

4. Acceso a la atención a la dependencia

El envejecimiento demográfico supone, en todos los países, una demanda creciente de cuidados de larga duración, aunque el estado de salud de las personas mayores influye en esta evolución. La necesidad social de este tipo de cuidados entre la población de mayor edad puede estimarse analizando con qué frecuencia las personas de este grupo señalan verse gravemente limitadas para desarrollar actividades de la vida diaria debido a problemas de salud. Los datos disponibles indican que España obtiene mejores valores que el promedio europeo en este indicador, tanto en 2009 como en 2017, tras una reducción superior a la observada a nivel europeo. Hay que recordar, no obstante, que el dato se basa en una sola pregunta que tiene un cierto componente subjetivo, por lo que dicha mejora debe ser valorada con prudencia.

No existe una estadística europea que permita analizar cómo evoluciona en los distintos países la cobertura de esta necesidad social, pero la OCDE ofrece datos comparables para unos 18 países occidentales (OCDE, 2017). Según esos datos, el porcentaje de personas mayores que reciben cuidados de larga duración en España, pese a haber aumentado entre 2005 y 2015 (8,5% en la segunda fecha), sigue siendo inferior al promedio de la OCDE (13%). Además, una proporción superior de personas mayores son atendidas en sus propios domicilios. Este dato refleja en parte preferencias, pero también restricciones asociadas a la insuficiencia de la oferta de plazas en atención residencial y centros de día.

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