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Reseña desafíos cuidados de larga duración

Los desafíos de los cuidados de larga duración para personas mayores en Europa

Gloria Fernández-Mayoralas, Grupo de Investigación en Envejecimiento – Consejo Superior de Investigaciones Científicas Instituto de Economía, Geografía y Demografía, Madrid

En un escenario de envejecimiento demográfico y aumento de la longevidad, los cuidados de larga duración a las personas mayores plantean una serie de importantes retos a la Europa del Estado del Bienestar. Estos retos tienen que ver con la sostenibilidad del sistema de cuidado, la dualidad del entorno físico donde se produce (domiciliario o institucional), del entorno social (provisión formal por parte de profesionales o informal por parte de familiares, cuidadores inmigrantes y voluntariado) y la procedencia de la financiación (pública, privada, subvencionada). Todo ello en relación con la propia definición de estos cuidados, los elementos que los conforman (fragilidad, enfermedad, demencia, cronicidad, episodios agudos, etc.) y la necesidad de una coordinación adecuada entre los servicios de salud y los servicios sociales de atención a la dependencia. Este es el contexto que presentan las dos obras que nos ocupan.

La primera de ellas, Long-term Care in Europe (2013), se centra en la búsqueda de respuestas a los desafíos de los cuidados derivados del cambio demográfico, de las transformaciones en las estructuras sociales y familiares, y de la revolución tecnológica, así como en la necesidad de evaluar y, en su caso, asegurar o mejorar la calidad de la prestación del cuidado. La obra, de autoría multidisciplinar, define los principios fundamentales que caracterizan los cuidados de larga duración: considerar la prevención y rehabilitación en estos cuidados como un hecho básico y vital para las personas mayores y la importancia de abordar adecuadamente en el marco legislativo los derechos de los cuidadores informales o la ética familiar, incluyendo a los trabajadores inmigrantes. Otros temas recogidos en el libro tienen que ver con la necesidad de afrontar los problemas que aparecen en la relación que se establece entre cuidados formales e informales y entre salud y atención social. Y, finalmente, la utilidad de revisar las soluciones que se ofrecen a partir de la progresión y mejora de las políticas diseñadas a tal fin.

El libro plantea estos asuntos en capítulos temáticos transversales y comparados, como resultado de una aproximación a la cuestión de estudio desde un plan de trabajo fundamentado en un proyecto de investigación, financiado por el VII Programa Marco de la Unión Europea, con un consorcio formado por 13 países miembros de la UE. Este trabajo ha sido posible porque tanto los objetivos como los métodos se establecieron de antemano, y los efectos de los ejemplos prácticos se han evaluado siguiendo una plantilla estándar, todo ello coordinadamente desde una organización intergubernamental afiliada a Naciones Unidas (The European Centre for Social Welfare Policy and Research, www. euro.centre.org) con sede en Viena.

En cambio, Long-term Care for the Elderly in Europe (2017) se articula en una estructura de capítulos que responden a una selección de países siguiendo la tipología clásica de los estados del bienestar, con ejemplos de los modelos nórdico, centroeuropeo, liberal y del sur y este de Europa. Fruto también de una autoría multidisciplinar, en esta obra el objetivo es analizar cómo es la organización, estructura y provisión de los cuidados de larga duración, y la perspectiva de la inversión social, en cada país, examinando cómo han afrontado los desafíos y qué tipo de transformaciones han experimentado los Estados, sobre todo, tras la crisis económica. El incremento de población mayor y de ancianos frágiles se muestra como una presión de los gastos sobre el sector público, de manera que la privatización y mercantilización ha sido parte de la evolución del estado del bienestar, también en el caso de los cuidados de larga duración, y uno de los objetivos explícitos de las políticas sociales, sobre todo en los modelos nórdico y liberal. Así, hasta el momento, estos cuidados no han sido tan institucionalizados como otros servicios sociales porque, a pesar de las diferencias entre países, han sido asumidos en un alto grado por la sociedad civil, especialmente las familias.

Los cuidados de larga duración han sido asumidos en un alto grado por la sociedad civil, sobre todo por las familias.

Según los resultados ofrecidos en el libro, en todos los países analizados la tendencia converge hacia la participación de la sociedad civil como proveedora de los cuidados de larga duración, con el recurso a las nuevas tecnologías para favorecer la permanencia en casa de las personas mayores. No obstante, a pesar de todas las implicaciones positivas de la participación de la sociedad civil en el sistema de estos cuidados, se destaca que este hecho podría conllevar desigualdades en la provisión de los mismos, sobre todo a la población receptora más frágil, y también desigualdades de género, dado que las mujeres tienen mayor esperanza de vida, por lo que es más frecuente que no tengan pareja que cuide de ellas cuando se vuelven dependientes. Así pues, el balance entre las soluciones individuales y a medida, la capacidad de permanecer tanto como sea posible en la propia casa y de mantener una vida social sin colapsar a un familiar seguirán siendo los retos de los cuidados de larga duración.

Aunque en Leichsenring et al. (2013) también se utiliza la tipología clásica de  modelos del estado del bienestar, en este caso (Greve, 2017) ha hecho una adaptación desde los cinco tipos básicos a cuatro, de acuerdo con la demanda y la provisión formal e informal para los cuidados de larga duración, definiendo un tipo estándar o de cuidado mixto, otro nórdico, uno más de tipo familista y, finalmente, uno denominado «de transición». En la obra, tras el estudio comparado, se reconoce que, además de no ser una tipología excluyente y tener distintos grados de superposición, existen también diferencias notables según el grado de implementación de estos cuidados. Así, se destaca que el Reino Unido, Dinamarca y los Países Bajos mostrarían elementos significativos de enfoques basados en la atención integral centrada en la persona; países centroeuropeos, como Alemania y Austria, todavía estarían en la fase de discusión sobre dichas aproximaciones; mientras que los países del este y sur de Europa se encontrarían aún en el proceso de búsqueda para el desarrollo general de sus sistemas de cuidados de larga duración.

Confiar casi únicamente en la familia como proveedora de cuidados de larga duración acarrea el riesgo de incrementar las desigualdades.

En definitiva, estas dos interesantes obras coinciden en abordar el desafío de estos cuidados teniendo en cuenta múltiples dimensiones, así como los puntos de vista tanto del receptor como del proveedor del servicio. Sin embargo, la primera (Leichsenring et al., 2013), planteada desde una aproximación transversal y comparada, ofrece una visión más conceptual, en la idea de proyectar un modelo europeo de cuidado de larga duración ligado a resultados basados en la evidencia encontrada mediante un proyecto de investigación conjunto. Y la segunda obra (Greve, 2017), orientada más hacia las características de estos cuidados en cada uno de los países analizados (Dinamarca, Finlandia, Alemania, Reino Unido, Grecia, Italia, Portugal, Hungría, Lituania y Polonia), sigue la tipología clásica de modelos diversos de estados del bienestar, describiendo las particularidades de los cuidados de larga duración en cada Estado, para concluir en un capítulo con reflexiones sobre los elementos comunes a todos los Estados.

El hecho de la diferencia en las fechas de aparición entre ambas obras, 2013 y 2017 (más importante si se considera que la primera se basa en un proyecto de duración 2008-2011), añade interés por seguir la evolución de esta área de conocimiento y el afrontamiento de los desafíos que se plantean. En la publicación de 2013, la incidencia de la crisis económica no es un aspecto central y apenas se hace explícita, siendo así que la finalidad de la investigación es la superación de los retos que presentan los cuidados de larga duración; mientras que en la publicación de 2017 aparece como incuestionable que estos cuidados siguen siendo un elemento recién llegado a la política social, y muchas veces solo reconocido como elemento de presión social, destacando que la crisis económica ha traído consigo medidas de austeridad y el recurso a sistemas privados (familias y, sobre todo, mujeres) o mercantilizados, a fin de afrontar su financiación en un escenario de gasto creciente.

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