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Resumen ejecutivo y conclusiones Inf Salud

Resumen ejecutivo y conclusiones

La salud es un bien muy preciado para las personas y un derecho fundamental reconocido en la Constitución Española, que asigna a los poderes públicos la respon­sabilidad de protegerla a través de las medidas y ser­vicios necesarios. Asimismo, la salud protagoniza tres de los veinte principios básicos del pilar europeo de los derechos sociales, aprobado en 2017. Dichos principios consagran el derecho de toda persona a tener “un acce­so oportuno a asistencia sanitaria asequible, de carác­ter preventivo y curativo y de buena calidad”. Además, se reconoce explícitamente el derecho de las personas que sufren discapacidad a recibir las ayudas y servicios necesarios para garantizar su plena integración econó­mica y social, así como el derecho a “cuidados de larga duración asequibles y de buena calidad, en particular de asistencia a domicilio y servicios comunitarios”.

La universalidad en el acceso, la atención adecuada en todos los momentos del ciclo vital (desde el nacimien­to hasta la muerte) y la buena calidad de los servicios son denominadores comunes de los distintos enun­ciados del derecho a la salud. Además, se exige que los cuidados sean asequibles a todos los ciudadanos. Tanto la asistencia sanitaria como los cuidados de lar­ga duración son servicios cuyo coste económico puede superar con mucho el poder adquisitivo de las personas afectadas. Por ello, es importante garantizar que la ca­rencia de recursos no supone una barrera de entrada al sistema, utilizando mecanismos eficaces de protección financiera. Tampoco deben constituir barreras otros factores, como el sexo, la edad o el lugar de residencia.

SALUD

La protección de la salud, entendida no solo como la ausencia de enfermedades, sino como un estado de bienestar físico, mental y social (OMS, 1948) presenta múltiples facetas y desafíos. En este informe se analizan los retos bá­sicos desde la perspectiva de las necesidades sociales, a través de una serie de indicadores útiles para evaluar las políticas y sus resultados. El análisis se articula en torno a los siguientes retos: 

1. Mantener y mejorar el estado de salud física y mental de la población: La salud de los indi­viduos depende de múltiples causas y de la propia es­tructura de la población. En una sociedad que envejece los problemas de salud cambian y la forma de abordar­los debe adaptarse. Las políticas sanitarias han de pro­mover la mejora de los niveles de salud física y mental de la población a través de medidas preventivas y cu­rativas adecuadas, ajustadas a las necesidades y la es­tructura demográfica de cada momento.­

2. Promover hábitos de vida saludables que ayu­den a prevenir enfermedades: La incidencia de muchas enfermedades y problemas de salud puede re­ducirse con estilos de vida más saludables. La dieta, la actividad física o el consumo de alcohol, tabaco y dro­gas son ámbitos de actuación importantes. Monitorizar la incidencia y evolución de los principales factores de riesgo ayuda a detectar áreas en las que puede ser pre­ciso reforzar las políticas de salud pública.

3. Garantizar el acceso a la atención sanita­ria: El acceso equitativo a la atención sanitaria es un derecho social básico en un país avanzado. Pa­ra hacerlo efectivo es preciso contar con un sistema sanitario que proporcione la atención requerida a las personas que lo necesiten, con independencia de sus características personales.

4. Garantizar el acceso a la atención a la de­pendencia: El aumento de la esperanza de vida ha hecho necesario incorporar los cuidados de larga du­ración a personas dependientes como un nuevo derecho social. El acceso universal a dicha atención en condicio­nes de igualdad debe ser garantizado por los poderes pú­blicos, de forma que nadie se vea excluido de dichos cui­dados por no poder pagarlos o por una escasa oferta de servicios adecuados (centros de día, residencias, etc.). 

1. Resumen ejecutivo

Lo más importante

  1. La puesta en marcha del sistema público de atención a la dependencia ha mejorado la cobertura de la necesidad social de cuidados de larga duración en España. Sin embargo, existe todavía una demanda no atendida de cuidados y una insuficiente profesionalización de la atención prestada.
  2. Pese a la disminución del sedentarismo y al aumento del consumo de frutas y verduras, el nivel de prevalencia de la obesidad ha crecido a lo largo de los últimos años y constituye un serio problema de salud pública en la sociedad actual. El consumo de alcohol en atracón, o “binge drinking”, es un fenómeno que se concentra en los jóvenes y que ha experimentado un crecimiento notable en los años recientes.
  3. La cobertura universal del sistema sanitario hace que prácticamente nadie deba renunciar a ir al médico por dinero, distancia o porque no le dan cita. Sin embargo, un cierto porcentaje de familias de ingresos bajos tienen dificultad de acceso en áreas como la compra de medicamentos o la atención dental, e incurren a veces en costes sanitarios excesivos en relación a su capacidad de pago. Otras veces las barreras de acceso se deben a las listas de espera, un aspecto que empeoró durante el período de crisis.
  4. La percepción de las personas sobre su estado de salud ha mejorado notablemente en los últimos años. También se reduce el porcentaje de personas cuya mala salud les limita en el desarrollo de la actividad diaria y hay menos personas mayores que se ven a sí mismas gravemente limitadas. Ha disminuido igualmente el porcentaje de enfermos crónicos diagnosticados de hipertensión, pero crecen otras enfermedades como la diabetes, la hipercolesterolemia o los problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos mentales. En global, el porcentaje de enfermos crónicos de riesgo cardiovascular ha disminuido en un punto porcentual entre 2006 y 2017.

 

Los más importante

  1. Los adultos que declaran tener mala salud o algún problema que les dificulta realizar las actividades de la vida cotidiana suponen en España un porcentaje de la población inferior al promedio de la Unión Europea, sobre todo en 2017. Esta comparación se ha hecho ajustando por las diferencias en la estructura de edades de los distintos países, para que los resultados no se vean afectados por el distinto grado de envejecimiento demográfico.
  2. Hay también comparativamente menos personas mayores de 65 años que declaran sufrir limitaciones graves en el desempeño cotidiano debido a problemas de salud, y se aprecia una mejora entre 2009 y 2017. Aunque se trata de una información no basada en valoraciones objetivas del grado de dependencia o discapacidad, este indicador puede proporcionar una aproximación a la demanda de cuidados de larga duración entre la población de mayor edad.
  3. Prácticamente nadie en España declara haberse visto privado de ir al médico por ser demasiado caro, estar demasiado lejos o debido a una lista de espera durante el año previo, ocupando nuestro país la mejor posición en 2017 en este indicador. En el caso de las visitas al dentista, la inaccesibilidad es algo superior al promedio europeo y las razones declaradas son casi siempre de tipo económico.

2. Conclusiones

1. Buen estado de salud de la población

Uno de los objetivos más importantes en la cobertura de las necesidades sociales en cualquier país es la mejora del estado de salud de la población. El conjunto de datos representativos del estado de salud de la población española muestra una mejora notable en los últimos años. También se ha reducido el porcentaje de personas cuya mala salud les limita en el desarrollo de la actividad diaria y el de enfermos crónicos diagnosticados de hipertensión. Crecen, sin embargo, otras enfermedades como la diabetes, la hipercolesterolemia o los problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos mentales.

2. Estilos de vida más saludables

Cabe hablar también de mejoras en la promoción de estilos de vida saludables. En los últimos años, el sedentarismo se ha reducido notablemente, a la vez que ha aumentado la proporción de población que sigue una dieta saludable, factor clave en la prevención de enfermedades crónicas y otros problemas de salud. Ha aumentado, sin embargo, la incidencia de la obesidad, siendo especialmente preocupante su prevalencia en la infancia, por sus consecuencias para la salud tanto en el corto como en el largo plazo y por los costes directos e indirectos sustanciales para el sistema sanitario.

3. Pocas barreras de acceso al sistema sanitario

España es el país que presenta el mejor acceso al sistema de toda Europa, es decir, donde la población tiene menos problemas para acceder a los servicios sanitarios. La cobertura universal hace que prácticamente nadie deba renunciar a ir al médico por dinero, distancia o porque no le dan cita. Esta cobertura no implica, sin embargo, garantía de acceso efectivo al paquete de servicios necesario para preservar la salud. En algunas áreas, como en el caso de las visitas al dentista o la compra de medicamentos, los problemas de acceso son algo superiores al promedio europeo, por razones fundamentalmente económicas. Las familias de ingresos bajos incurren a veces en costes sanitarios excesivos en relación a su capacidad de pago. Estos problemas se duplicaron durante la crisis, debido al impacto combinado de la caída de rentas y la reforma del copago farmacéutico. Otras veces las barreras de acceso se deben a las listas de espera, problema que también empeoró durante el período de crisis.

4. Creciente atención a la dependencia

La puesta en marcha del sistema público de atención a la dependencia ha mejorado la cobertura de la necesidad social de cuidados de larga duración. Sin embargo, existe todavía una demanda no atendida de cuidados y una insuficiente profesionalización de la atención prestada. Uno de los problemas del Sistema para la Autonomía y la Atención a la Dependencia ha sido la elevada demora para recibir prestaciones. En cualquier caso, aunque el porcentaje de personas mayores dependientes se ha reducido levemente en los años recientes, el envejecimiento demográfico exige, inevitablemente, aumentar tanto la cobertura como la intensidad de la atención prestada.

5. Mejor respecto a Europa

La satisfacción de algunos de los retos que afectan a las distintas necesidades sociales ligadas a la salud es, en general, mayor en España que en el resto de Europa. Los indicadores objetivos, como la esperanza de vida, la mortalidad o la morbilidad, pero también la propia percepción de los ciudadanos, reflejan un mejor estado de salud que en la mayoría de países europeos. También hay comparativamente menos personas mayores de 65 años que declaran sufrir limitaciones graves en el desempeño cotidiano debido a problemas de salud y se aprecia, además, una mejora durante la última década.

6. Peor respecto a Europa

La situación no es tan favorable en los hábitos de vida saludables, con una posición intermedia en el contexto europeo. La dieta española es más sana, pero también es mayor el consumo de drogas ilegales, como la cocaína o el cannabis. No hay grandes diferencias, respecto a otros países de Europa, en el porcentaje de personas que fuman diariamente ni en el consumo de alcohol, pero sí, negativamente, en la realización de actividades físicas consideradas como beneficiosas para la salud, en la incidencia de la obesidad y en el consumo de drogas ilegales entre los jóvenes.

7. Tendencias en el gasto sanitario

Los niveles de gasto sanitario en los últimos años han estado comprometidos por la tensión entre el carácter universal del sistema, la demanda creciente de atención sanitaria y las restricciones presupuestarias que afectan al conjunto de las políticas de gasto público. El volumen de gasto por habitante aumentó hasta la crisis, cuando se truncó la tendencia. Ha vuelto a crecer con la recuperación económica, aunque a menor ritmo que en la etapa expansiva anterior. Pese a la tendencia de aumento en el largo plazo, España sigue ocupando un lugar intermedio entre los países europeos tanto en gasto por habitante como en relación al PIB.

8. La factura farmacéutica y el copago

Una parte importante del gasto sanitario en España procede de la factura farmacéutica, que, tradicionalmente, ha tenido un peso elevado y superior al promedio europeo dentro del gasto público sanitario total. Hasta fechas recientes, la parte de dicha factura asumida por los pacientes era relativamente pequeña, debido en parte a la exención de los pensionistas, que concentran una proporción elevada y creciente del consumo de medicamentos. La introducción del copago, sin embargo, incrementó el porcentaje del coste cubierto por los usuarios, especialmente en el caso de los pensionistas. Tal cambio ha supuesto un aumento del gasto farmacéutico medio por hogar, absorbiendo los medicamentos una parte mayor de la renta familiar en los hogares situados en los estratos medio-bajos de renta.

9. Eficacia en el gasto sanitario

A pesar de la menor dotación presupuestaria del sistema sanitario público, España aparece en los rankings europeos como uno de los países donde este gasto es más eficaz. Los indicadores de mortalidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable, aunque frenaron su mejora durante la crisis, son muy inferiores a los de otros países con mayor gasto sanitario. Esta mayor eficacia, sin embargo, y la tendencia de mejora, no parecen ser percibidas por la población, que cree que los servicios sanitarios en la mayoría de las áreas principales han empeorado.

3. Referencias

EUROSTAT (2018). Being Young in Europe today. Health Statistics Explained. https://ec.europa.eu/eurostat/ statisticsexplained/

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2017). Indicadores de Salud 2017. Evolución de los in­dicadores del estado de salud en España y su magnitud en el contexto de la Unión Europea. Madrid: Ministe­rio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 2017.

OCDE (2017). Health at a Glance. París: OCDE.

OCDE/EU (2018). Health at a Glance: Europe 2018. State of Health in the EU Cycle. OECD Publishing, Paris.

OLIVA, J., GONZÁLEZ, B., BARBER, P., PEÑA, L.M., URBANOS, R. y ZOZAYA, N. (2018). Crisis económica y salud en España. Informes, estudios e investiga­ción 2018. Madrid: Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.

THOMSON, S., EVETOVITS, T., CYLUS, J., & JAKAB, M. (2016). Monitoring financial protection to assess pro­gress towards universal health coverage in Europe. Pu­blic Health Panorama, 2(3), 357-366.

UNESPA (2017). Informe Estamos Seguros 2017. Ma­drid: Asociación Empresarial del Seguro.

WATERHOUSE, J.A.H., MUIR, C.S., CORREA P. y POWELL, J. eds. (1976). Cancer incidence in five continents. IARC, Scientific Publications, vol. III, num. 15, Lyon, IARC.

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