«Una de las funciones del arte es abrir debates en la sociedad»

Jen Snowball, Profesora, Departamento de Economía e Historia Económica, Rhodes University (Sudáfrica)

Jen Snowball también es investigadora del National Cultural Observatory de Sudáfrica. Su investigación se centra en la economía cultural, así como la economía medioambiental y de los recursos naturales, el desarrollo económico local y la economía del turismo.

 

¿Cómo se definiría el valor creado por el sector del arte y la cultura?

No es una pregunta fácil de responder en pocas palabras. Solo apuntaré que el valor cultural se extiende a través de todas las esferas de la sociedad e incluye todo tipo de valores, desde el económico o financiero hasta el social o valores muy personales. Todos son aspectos que deberían tenerse en cuenta cuando se habla del valor cultural.

 

¿Cómo se puede medir el impacto de las expresiones artísticas?

La cultura puede aportar dos tipos de valores: los extrínsecos y los intrínsecos. Según entiendo, los valores extrínsecos son más objetivos y, por tanto, más fáciles de medir. Un ejemplo podría ser el impacto económico de un concierto o de un festival, cuyos precios de mercado se pueden utilizar para medir la repercusión de dicho evento en la economía. Los valores intrínsecos son mucho más personales. Se trata de los sentimientos que experimentamos al ir a un concierto, ver una obra de arte maravillosa o escuchar música. Es un sentimiento de placer o felicidad. A veces, sin embargo, la función de la cultura es hacernos sentir incómodos, que nos preocupemos o sintamos que nuestras ideas sobre el mundo han cambiado o se han cuestionado de algún modo. Los valores extrínsecos son más fáciles de medir, por lo que los economistas tienden a centrarse en ellos. En cambio, es muy difícil encontrar una manera de agrupar los valores intrínsecos para expresarlos como un sentimiento general, ya que son diferentes para cada persona.

 

¿Deberían las instituciones públicas liderar la inversión en arte y cultura?

Cada país es muy diferente. En el caso de Sudáfrica, de donde vengo, la financiación pública marca el camino, sobre todo en los campos con repercusiones que producen un beneficio público; ámbitos como el patrimonio, los museos, las bibliotecas. El sector privado lidera los campos en los que hay intereses más especializados, por ejemplo, un festival de jazz. En estos casos siempre hay algún banco u otro tipo de empresa privada que financia el evento. Creo que es una buena combinación, porque con la financiación pública solamente se pueden financiar ciertos tipos de eventos. Siempre depende de lo que el Gobierno crea que debe ofrecerse al país. La financiación privada brinda la oportunidad de que se escuchen otras voces. El sector privado puede financiar ámbitos en los que el sector público no querría involucrarse. Puede ser algo dirigido solo a determinadas partes de la población, pero también puede ser algo muy arriesgado, innovador o que pueda ofender. Creo que una de las funciones del arte también es abrir debates en la sociedad y es ahí donde el sector privado puede hacer mucho.

 

¿Qué significa el concepto «desarrollo culturalmente sostenible»?

Creo que el concepto de desarrollo sostenible en sí es bastante difícil de definir, y el de desarrollo culturalmente sostenible es aún más difícil, aunque los dos tienen que estar conectados. Siendo esto así, los objetivos del desarrollo sostenible deben tener en cuenta el contexto cultural en el que todo sucede. Puede que algo sea económicamente sostenible, pero no culturalmente sostenible. Puede que una práctica recomendada en el mercado se rechace por completo debido a la cultura de la gente. En una sociedad multicultural como la mía, hay ideas muy distintas sobre qué es valioso y qué es o no aceptable en términos de cómo nos ganamos la vida, cómo nos desarrollamos, qué es importante en la vida, qué tipo de relaciones deberíamos tener con nuestros hijos, padres, abuelos, todos estos aspectos. Desde la perspectiva de los países en desarrollo, el peligro es que tomamos modelos de desarrollo sostenible de los países desarrollados. Si un modelo nos parece bueno, lo ponemos en práctica en Sudáfrica y creemos que funcionará perfectamente, ya que ha funcionado muy bien en España, el Reino Unido, Canadá o donde sea. Y, por supuesto, no funciona. Muy a menudo pienso que se debe a que no se ha tenido en cuenta el contexto cultural. El desarrollo culturalmente sostenible significa tener en cuenta los sistemas de valores, la cultura de la economía o de la sociedad en la que se aplican estas medidas.

Los objetivos del desarrollo sostenible deben tener en cuenta el contexto cultural en el que todo sucede

¿Cómo contribuye el desarrollo culturalmente sostenible al bienestar social?

El bienestar es mucho más que simplemente tener suficiente comida, asistencia sanitaria o acceso a la educación. Es un concepto mucho más amplio. También hay que tener en cuenta los sentimientos individuales o personales. Por supuesto, si pensamos en la jerarquía de necesidades, las personas que no tienen acceso a agua, asistencia sanitaria o alimentos de buena calidad no pueden pensar demasiado en otras cosas, pero una vez que se consigue esto, de repente el desarrollo cultural pasa a tener mucha importancia. Cómo nos sentimos depende de las ideas que tengamos sobre la libertad, la autoexpresión y la identidad. Esto es importante en todos los estratos de la sociedad una vez que se satisfacen las necesidades básicas. En mi opinión, el bienestar está automáticamente conectado con la cultura, ya que la forma en la que alguien de Sudáfrica e incluso diferentes grupos de Sudáfrica definen el bienestar, puede ser totalmente distinta a cómo lo definiría alguien de Europa, EE. UU. o Australia. Lo que es importante, en cada caso, difiere muchísimo y por eso también es importante tener en cuenta el contexto cultural.

 

¿Cómo pueden contribuir las industrias culturales al desarrollo sostenible?

Entender las industrias culturales como un sector, como un concepto, es algo bastante nuevo. Por supuesto, siempre han estado allí, pero nunca se han considerado como un único sector conectado. Siempre nos hemos referido a la industria del cine, la arquitectura o la publicidad como ámbitos separados, y el problema es que todavía están muy dispersos en términos de políticas. En Sudáfrica, por ejemplo, el Departamento de Comercio e Industria se encarga de las subvenciones para la industria cinematográfica, mientras que el Departamento de Arte y Cultura se encarga de los museos y las asociaciones profesionales. Creo que concebir el sector como un todo coherente con objetivos e ideas que, sin ser los mismos, son similares, es realmente un gran paso en la dirección correcta para contribuir a que este sector desarrolle todo su potencial y se reconozca la importancia que tiene en la sociedad. Aunque en el caso de Sudáfrica todavía no disponemos de datos, en muchos países se ha demostrado que las industrias culturales y creativas están creciendo más rápido que el resto de la economía. Son parte de este nuevo sector de servicios, y la creación y la innovación son motores de crecimiento económico muy importantes. Creo que, en un futuro, pueden aportar muchísimo al crecimiento económico general.

 

¿Cómo contribuye la economía, es decir, el pensamiento de los economistas a una mejor comprensión del arte y la cultura?

Bien, ¡estás hablando con una economista! Creo que por parte de los propios artistas y profesionales hay mucha resistencia a la idea de que la economía puede tener algo importante o útil que decir sobre el proceso creativo de la cultura. Seguramente esto se deba a la percepción errónea de que la economía significa dinero, así que, si eres economista, solamente te importan cosas como el dinero, las finanzas o los precios de mercado, y todo lo que se puede medir fácilmente. Pero no es realmente así. La economía está relacionada con todo, trata sobre las decisiones que tomamos en nuestra vida cotidiana, las decisiones que deben tomar los gobiernos, el bienestar (como ya hemos mencionado), el desarrollo sostenible, los medios de vida, etcétera. Todas estas dimensiones tienen cabida en la economía. La economía puede tener mucho que decir al sector del arte y la cultura, y en concreto puede ayudar a expresar los tipos de valores que se producen en el sector, de tal manera que los responsables de las políticas y la financiación lo entiendan. Gran parte de mi trabajo se centra en utilizar la teoría económica para hablar de los diferentes tipos de valor asociados a las industrias culturales y creativas, para luego explicar a los artistas que este marco les podría ser útil cuando se dirigen a los financiadores, a su propio entorno y a los responsables de las políticas del Gobierno. En cierto modo, pienso que podemos ser un puente entre los diferentes grupos de la sociedad para expresar y, en algunos casos, medir el valor cultural.

 

¿Qué temas podrían ser de interés para los jóvenes investigadores que empiecen sus carreras en los próximos años?

¿En economía de la cultura? Permíteme que responda como si fuera yo: creo que estaría muy interesada en esta idea de las industrias culturales y creativas como motores, no solo de crecimiento, sino también de desarrollo. La gran brecha no es tan marcada desde el punto de vista del consumidor, qué hacen y compran los usuarios y demás cuestiones, sino en el lado de la producción. Es decir, ¿cómo sucede? ¿Cómo funcionan realmente las industrias culturales y creativas? Hay muchísimos estudios de caso, datos concretos sobre la precariedad, personas con un alto nivel educativo que, por ejemplo en uno de los sectores más estudiados, el sector del cine, tienen empleos de corta duración y pasan de un contrato a otro. Pero creo que hay muchas cosas que todavía no sabemos sobre lo que sucede en otros sectores.

La creación y la innovación son motores de crecimiento económico muy importantes

Por ejemplo, ¿cómo funciona el sector de la artesanía? Parece que son pequeñas empresas estables que perduran en el tiempo. ¿Cómo funciona el sector informal? Creo que este es un campo en el que los países en desarrollo tenemos la oportunidad de jugar con ventaja, ya que, para nosotros, la norma es el sector informal. Solo una minoría trabaja a tiempo completo, con un plan de pensiones y un trabajo permanente. La mayor parte de la gente trabaja en el sector informal, en toda una serie de actividades o formas de producción diferentes. Así que, si ahora tuviera que elegir una dirección en la economía de la cultura, me gustaría investigar la producción de las industrias culturales y creativas, y las diferencias entre el contexto de los países desarrollados y los países en desarrollo.

 

¿Los legisladores y otras partes interesadas tienen en cuenta la investigación realizada por las universidades y los centros de investigación en Sudáfrica?

Creo que hay diferentes esferas de influencia. Si yo publico un artículo en una revista académica, no creo que haya muchas posibilidades de que algún responsable de las políticas lo lea. Por este motivo, es muy importante disponer de un sistema de comunicación paralelo como un blog, un sitio web, un breve programa político, o algo parecido. Y pienso que sí les llega. Muy recientemente, el Departamento de Arte y Cultura de Sudáfrica estableció el Observatorio Cultural, un centro de investigación sobre las industrias culturales y creativas financiado por el Gobierno. Yo formo parte de este centro y el trabajo allí consiste en llevar a cabo investigaciones que sean relevantes para la política. Esto significa que hay comunicación directa con el Departamento de Arte y Cultura cuando tratamos un tema, publicamos algo o realizamos alguna investigación, y estoy segura de que una parte de lo que hacemos tendrá repercusión en la toma de decisiones y en las políticas que se pongan en práctica. Así que hay que esforzarse un poco más, no debemos limitarnos a escribir un artículo y enviarlo a una revista. Hay un sinfín de oportunidades para que se den este tipo de diálogos e intercambios de conocimientos.

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