Las mujeres sostienen la mitad del cielo: se merecen la mitad de la investigación

Dra. Katrien Maes, directora general de Políticas,
Liga de Universidades Europeas de Investigación (LERU)

El presente artículo explora la necesidad de integrar los análisis con perspectiva de género y sexo en el proceso de financiación, el contenido y la ejecución de los proyectos de investigación e innovación. Aunque cada vez es más habitual que determinadas áreas de investigación —como la biomédica— incorporen la dimensión de sexo y género en sus proyectos, en términos generales esta cuestión sigue sin recibir el reconocimiento que se merece, no es una práctica generalizada y no se integra convenientemente en el proceso de investigación. Sin embargo, las buenas prácticas y políticas también son esenciales para garantizar que las conclusiones de los proyectos de investigación son igual de válidas para todos los géneros y sexos, para mejorar la vida de la  ciudadanía en muchos aspectos y a escala global, y para contribuir a asegurar que la investigación y la innovación están en sintonía con las responsabilidades de las universidades frente a la sociedad.

El artículo se basa en el trabajo llevado a cabo por la Liga de Universidades Europeas de Investigación (LERU, por sus siglas en inglés), del que se deriva un documento normativo que recoge veinte recomendaciones para las partes interesadas, incluidas las universidades, las entidades financiadoras de investigación, los gobiernos y las revistas académicas.

1. Análisis de género y sexo en la investigación

¿Cuáles son los síntomas más comunes de un ataque al corazón? Dolor en el pecho y en un brazo o en los dos sería la respuesta más habitual. Sin embargo, solo sería correcta a medias; es decir, si quien tuviera el infarto fuera un hombre, porque las mujeres tienden a presentar unos síntomas distintos, como nauseas, debilidad general y sudoración. Los hombres y el personal médico que los atienden suelen atribuir el dolor en el pecho a una cardiopatía; en cambio, las mujeres y el personal médico que las atienden no suelen relacionar sus síntomas con una enfermedad cardíaca. Por consiguiente, el tiempo transcurrido desde el ingreso hospitalario hasta el diagnóstico de infarto y el consiguiente tratamiento es significativamente mayor en las mujeres que en los hombres (Dey et al., 2009).

Por lo general, las enfermedades del corazón, como la cardiopatía isquémica, el infarto de miocardio y la insuficiencia cardíaca, no presentan las mismas características en los hombres que en las mujeres, lo cual está relacionado con el sexo y el género. Mientras que el primero es un concepto biológico, el segundo es sociológico. Las enfermedades coronarias tienen que ver, por un lado, con la fisiología, los cromosomas y las hormonas; por otro, con el estilo de vida y unas conductas saludables. Hasta hace poco, la investigación de las enfermedades cardíacas se ha centrado principalmente en los hombres; de ahí que los aspectos de la dolencia más típicamente femeninos no fueran muy conocidos o a menudo no se reconocieran, por lo que el riesgo de un diagnóstico y tratamiento inadecuados era más elevado en las mujeres, que también presentaban una mayor mortalidad.

Aunque afortunadamente este panorama ha ido cambiando, si la investigación da por hecho que no existe ninguna diferencia significativa entre los sexos/géneros, es posible que muchas vidas humanas corran peligro. Por ello es fundamental asegurarse de que los resultados de los proyectos de investigación son igual de válidos para todos los géneros y sexos; no solo porque es lo correcto, o porque salva vidas, sino también porque ahorra dinero, mejora la calidad de la investigación, se traduce en mejores productos y servicios y, en última instancia, beneficia a todas las personas y a la sociedad en general.

Incluso si no se trata de una cuestión de vida o muerte, es esencial que, cuando proceda, los análisis de género y sexo se integren adecuadamente en el proceso de investigación. En la investigación sanitaria se han identificado muchas enfermedades, como el cáncer y la osteoporosis, que afectan más seriamente a las mujeres que a los hombres. Cada vez se toma mayor conciencia de que las mujeres y los hombres pueden manifestar y padecer enfermedades de un modo distinto, además de responder al tratamiento y a los productos e instrumentos de forma diferente y de metabolizar los fármacos de manera distinta.

Algunas diferencias entre hombres y mujeres pueden darse ya durante el embarazo y el parto. Las niñas, por ejemplo, presentan más probabilidades de contraer el VIH al nacer, mientras que los niños es más probable que se infecten durante la lactancia. Las diferencias entre sexos pueden observarse a un nivel muy básico, como en las células, las líneas celulares y las prácticas reguladoras celulares.

Con todo, llama la atención la escasez de esfuerzos consagrados a investigar con rigor las diferencias subyacentes entre sexos y géneros y a difundirlas. Durante mucho tiempo, la investigación médica no se ha centrado sistemáticamente en las diferencias entre hombres y mujeres con respecto a la prevalencia de enfermedades, su evolución, los resultados clínicos y las respuestas a los tratamientos. A menudo se daba por sentado —y en algunos casos aún es así— que los hombres pueden utilizarse como el grupo de control para toda la población. Por este motivo, las mujeres (y quienes no encajan en la estructura binaria de hombre-mujer) siguen estando infrarrepresentadas en los ensayos clínicos y suelen estar sujetas a prácticas médicas basadas en datos de una población predominantemente masculina.

El sexo/género femenino no solo está infrarrepresentado en los ensayos clínicos. En los estudios de laboratorio y en la investigación preclínica con fines humanos, los animales macho se usan con mucha más asiduidad que las hembras. Ello se observa, por ejemplo, en la investigación sobre el dolor: el 79 % de los estudios con animales publicados en la revista Pain entre 2001 y 2011 incluían machos exclusivamente; solo el 8 % versaban sobre hembras; y un mero 4 % estaban orientados específicamente a evaluar las diferencias entre sexos (el resto no lo especificaba) (Buitendijk, et al., 2011).

No obstante, debe señalarse que a veces son los hombres quienes están infrarrepresentados en los estudios de investigación. Así, por ejemplo, debido a que trastornos alimentarios como la anorexia son percibidos como dolencias femeninas, se ha revelado que estas enfermedades no se diagnostican ni se tratan adecuadamente en los varones jóvenes, pese a que constituyen en torno a una cuarta parte de todos los casos (Räisänen y Hunt, 2015).

2. Relevancia en distintas disciplinas y en todas las fases de la investigación

Por otro lado, aunque un enfoque con perspectiva de género/sexo pueda parecer más pertinente para la investigación biomédica, en modo alguno se limita a esta. Al contrario, todos los investigadores deberían preguntarse, con independencia de su disciplina, si en sus proyectos pueden darse diferencias de sexo y género que deban ser abordadas. Pueden citarse múltiples ejemplos al respecto, desde el transporte urbano hasta la traducción automática, el empleo, el desarrollo sostenible, el cambio climático, la criminología, etc.

A título ilustrativo, existen diferencias relacionadas con el género en el uso de los medios de transporte públicos y privados, la frecuencia de los trayectos y la distancia recorrida, así como en una serie de pautas relacionadas con las tareas de cuidado en general y de la crianza de los hijos. La ausencia de un análisis de género en la investigación sobre transporte significa que no se ha prestado la debida atención a esta cuestión, con las consiguientes repercusiones en las oportunidades de empleo, la independencia económica y el bienestar (Sánchez de Madariaga, 2013). Si los proyectos tienen en cuenta la dimensión de género/sexo, pueden formularse políticas de planificación urbana y transporte más innovadoras, lo que contribuye a mejorar la vida de las personas y a resolver importantes desafíos sociales. En varias ciudades suecas, por ejemplo, se han modificado las prioridades de retirada de nieve gracias a la investigación con perspectiva de género/sexo, de modo que más gente puede llegar al trabajo y a la escuela con mayor rapidez y con un menor riesgo de accidentes.

Por consiguiente, los estudios sensibles al género/sexo son sumamente valiosos, dado que contribuyen a dar una respuesta a los desafíos sociales a los que todos debemos enfrentarnos. Tanto si se trata, por ejemplo, de desarrollar un mejor transporte, como de adaptarse al cambio climático, encontrar soluciones para las poblaciones que envejecen o combatir los retos energéticos, tales estudios desempeñan un papel fundamental a la hora de mejorar la vida de las personas a escala global y, en última instancia, de asegurar que la investigación y la innovación están en sintonía con las responsabilidades de las universidades frente a la sociedad.

A título ilustrativo, analizar el género en relación con el cambio climático y la mitigación de sus consecuencias significa comparar los comportamientos y actitudes de las mujeres con los de los hombres. Además, los investigadores también deben preguntarse qué mujeres y qué hombres en concreto, y comparar grupos de mujeres y de hombres con arreglo a distintos factores sociales, como los ingresos, el nivel de estudios y el emplazamiento geográfico, que también predicen la huella climática. Al considerar a las mujeres como un grupo indiferenciado y contrastarlo con un grupo indiferenciado de hombres, no se toman en consideración importantes factores que influyen en comportamientos de género. Al estudiar, no solo las diferencias de género/sexo, sino también otros factores sociales, se detectan estereotipos que inducen a error y correlaciones estadísticas falsas. Para obtener más información sobre la investigación de la interacción entre el género y el cambio climático, consúltese la magnífica página web del Proyecto de Innovaciones con Perspectiva de Género [http://genderedinnovations.stanford.edu], que recoge numerosos estudios de casos y referencias sobre la dimensión de género y sexo.

Es fundamental que en la investigación orientada a combatir desafíos sociales, tales como el cambio climático, el hambre, la seguridad y la inmigración, participen especialistas de los ámbitos de las ciencias sociales y las humanidades (CSH), puesto que aportan importantes conocimientos culturales, económicos, históricos, jurídicos, psicológicos, sociológicos y de otro tipo a estos desafíos, que no solo plantean cuestiones científicas, tecnológicas, de ingeniería o biomédicas. Además, muchas disciplinas de las CSH suelen incorporar el análisis de sexo y género en los proyectos de investigación y disfrutan de la experiencia metodológica necesaria para ello. Un enfoque multidisciplinario resulta sumamente valioso a la hora de resolver retos sociales; de ahí que deba considerarse la incorporación de la experiencia y los puntos de vista de las CSH en todas las fases del proceso de investigación, en especial desde el principio, dado que contribuyen a identificar las preguntas y métodos de investigación apropiados.

Del mismo modo en que deben considerarse cuestiones de las CSH en las fases iniciales de la investigación centrada en retos sociales, también es esencial que los análisis de género y sexo sean tomados en consideración desde el primer momento. Un enfoque de investigación con esta perspectiva debe abordar posibles diferencias de sexo y género en cada fase del ciclo de investigación: al principio, cuando los gobiernos, organismos financiadores, universidades y otras partes interesadas toman decisiones relativas a las prioridades en materia de gasto en investigación; posteriormente, cuando los investigadores deciden el enfoque de la investigación, la metodología y la obtención de datos, y también cuando analizan tales datos y elaboran los correspondientes informes; y al final, cuando los resultados de la investigación son difundidos por investigadores, revistas académicas y otros medios, y cuando son utilizados por empresas, gobiernos o el público en general.

Debe señalarse que no es imprescindible que todos los temas de investigación incorporen una dimensión de género/sexo. Si los investigadores pueden argumentar que esta cuestión no constituye un factor pertinente en su investigación, deberán especificarlo en la correspondiente propuesta de financiación. De un modo similar, si en el transcurso de la investigación no se detectan interacciones con el género ni el sexo, también deberán especificar que la cuestión se planteó pero no se observaron efectos al respecto.

3. ¿Qué se puede hacer?

Aunque la investigación con una dimensión de género/sexo cada vez es más conocida y practicada en determinados campos de investigación, en otras áreas sigue siendo relativamente desconocida o no se integra convenientemente en los proyectos. El grado de sensibilización está aumentando, pero los investigadores, universidades, organismos financiadores y otras partes interesadas pueden hacer mucho más todavía.

La Liga de Universidades Europeas de Investigación ha examinado esta cuestión en un ensayo reciente (Buitendijk i Maes, 2015). El informe incluye diversos ejemplos que ilustran la amplitud y alcance de la investigación con un enfoque de género/sexo llevada a cabo en las universidades. También recoge de qué modo estas están desarrollando políticas y prácticas con miras a fomentar y respaldar dicho enfoque, como documentos de referencia para los investigadores y talleres para aumentar la sensibilización, además de formación, conferencias y cursos.

El ensayo formula 20 recomendaciones para distintas partes interesadas, haciendo hincapié en la importancia que suponen el apoyo, el fomento y los recursos para un enfoque sensible al género/sexo. Las universidades, por ejemplo, deberían incluir esta cuestión en su propia agenda, y abordarla internamente y con otros actores que no forman parte del ámbito universitario. Los investigadores deberían ser informados de ello, de modo que puedan evaluar si es relevante para su investigación y actuar en consecuencia. Una de las recomendaciones para los gobiernos es que incorporen una dimensión de género-sexo en las políticas y programas de investigación. Las entidades financiadoras pueden crear incentivos financieros o prestar apoyo a los investigadores para que hagan lo propio. El programa de financiación de la Unión Europea Horizonte 2020 puede utilizarse como un modelo con visión de futuro. Las publicaciones de investigación deberían establecer normas para incluir la información necesaria, con claras directrices para los autores.

Las universidades, gobiernos, organismos financiadores y revistas académicas han empezado a abordar esta cuestión, pero queda un largo camino por recorrer. Se precisan esfuerzos concertados y sistemáticos para aumentar la sensibilización de los miembros de todas las comunidades de investigación involucradas y facilitarles formación. También deben establecerse vínculos en todos los ámbitos e integrarse con otras iniciativas que fomenten la igualdad entre géneros, además de incluir esta cuestión en las estrategias y políticas de todos los actores implicados.

4. ¿Qué podemos aprender del ámbito europeo?

La Comisión Europea, en el marco de la política del Espacio Europeo de Investigación (EEI) y del programa de financiación Horizonte 2020, ha subrayado la importancia de integrar un análisis con perspectiva de género-sexo en los contenidos de los proyectos de investigación e innovación. Además de fomentar una equidad de género en los propios equipos de investigación de Horizonte 2020 y de garantizarla en la toma de decisiones, se incluye incorporar el análisis de género-sexo en los contenidos de investigación e innovación con miras a mejorar la calidad científica y la relevancia social de los conocimientos producidos, de la tecnología y/o de la innovación.

Las directrices facilitadas a los solicitantes de proyectos de la Unión Europea especifican que un tema se considera relevante para las cuestiones de género cuando el propio tema y/o los correspondientes resultados afectan a individuos o grupos de personas. En tales casos, las cuestiones de género deberían integrarse en diversas fases del proyecti, pudiendo incluirse, llegado el caso, estudios específicos.

La Comisión Europea ha identificado numerosos subcampos en los que, según los datos recabados, un análisis de género puede ser beneficioso para la investigación. Tales subcampos abarcan, entre otros, desde hardware y arquitectura hasta nanotecnología, oceanografía, geociencias, química orgánica, aeronáutica, medicina espacial, biodiversidad, ecología y biofísica. Estos temas aparecen destacados para que los solicitantes puedan encontrarlos con facilidad. Además, se indica que «sin embargo, ello no debería impedir a los solicitantes de un tema no destacado incluir una dimensión de género en su propuesta si consideran que es relevante» (CE, 2014). Además de pedir a los solicitantes que en las propuestas presentadas a Horizonte 2020 describan de qué forma se toma en consideración el análisis de sexo o género, evaluadores versados en cuestiones de género comprueban durante el proceso de evaluación si esto se ha realizado correctamente en los temas destacados. La Comisión se propone controlar cómo se lleva a cabo la inclusión del género en los contenidos de las propuestas de investigación presentadas y concedidas. Por último, la formación sobre género puede incluirse en los costes subvencionables de una acción.

El enfoque adoptado en el ámbito de la Unión Europea es un modelo que puede tomarse como referencia y sirve de inspiración para los enfoques nacionales y locales, por lo que debería mantenerse y reforzarse.

5. Conclusiones

Cuando hablamos de las cuestiones de género y de la investigación académica tendemos a centrarnos en determinar unas cifras y unas organizaciones. Lo primero significa aumentar el número de mujeres que cursan carreras de investigación y llegan a ocupar cargos de liderazgo y los mantienen; lo segundo alude al modo en que las universidades y otras organizaciones de investigación efectúan cambios estructurales en la forma de contratar, respaldar, mantener y promocionar. Este no ha sido el objetivo del presente artículo. En lugar de ello hemos argumentado que existe una tercera labor cuando se trata de género e investigación: determinar unos conocimientos (Schiebinger y Schraudner, 2011).

«Determinar unos conocimientos» significa cerciorarse de que la investigación se lleva cabo, con arreglo a las variantes femeninas y masculinas de sexo y género o para todos los sexos y géneros, en los casos necesarios y oportunos. La adopción de un enfoque de investigación sensible al género/sexo permite mejorar la vida de las personas, ahorrar dinero, se traduce en servicios y productos de mejor calidad y con equidad de género, contribuye a abordar retos sociales y, en última instancia, mejora la sociedad a gran escala. Conseguir una verdadera innovación y respuestas sólidas a problemas globales no será posible si la investigación actual no presta la debida atención a la mitad de la población. Si en efecto las mujeres sostienen la mitad del cielo, según observó Mao Zedong, sin duda «se merecen la mitad de la investigación» (cita atribuida a Simone Buitendijk, coautora del ensayo de la Liga de Universidades Europeas de Investigación).

 

Dra. Katrien Maes, directora general de Políticas

Liga de Universidades Europeas de Investigación (LERU)

6. Referencias

Buitendijk, S., D. Corda, A. Flodström, A. Holdcroft et al. (2011): «Women in science and medicine», carta a The Lancet, 377(9768).

Buitendijk, S., y K. Maes (2015): Gendered research and innovation: integrating sex and gender analysis into the research process, Lovaina: League of European Research Universities.

Dey, S., M. Flather, G. Devlin, D. Brieger et al. (2009): «Sex-related differences in the presentation, treatment, and outcomes among patients with acute coronary syndromes: the global registry of acute coronary events», Heart, 95(1).

European Commission (2014): Vademecum on gender equality in Horizon 2020, Bruselas: European Commission.

Räisänen, U., y K. Hunt (2015): «The role of gendered constructions of eating disorders in delated help-seeking in men: a qualitative interview study», BMJ Open, 4(4).

Sánchez de Madariaga, I. (2013): «Mobility of care. Introducing new concepts in urban transportation», en I. Sánchez de Madariaga y M. Roberts (eds.): Fair shared cities: the impact of gender planning in Europe, Aldershot: Ashgate.

Schiebinger, L., y M. Schraudner (2011): «Interdisciplinary approaches to achieving gendered innovations in science, medicine, and engineering», Interdisciplinary Science Reviews, 36(2).

 

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Dra. Katrien Maes, directora general de Políticas,
Liga de Universidades Europeas de Investigación (LERU)

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