“Cuando hablamos de enfoques con base científica, hablamos de ir a la raíz de los problemas”

Nick Axford, Investigador principal y director de What Works, Unidad de Investigación Social de Dartington

El investigador Nick Axford reflexiona sobre las razones de que los colectivos vulnerables hayan sido los más perjudicados por la reducción de programas de ayuda motivada por la crisis económica.

En su opinión, la toma de decisiones a la hora de crear políticas de ayuda a las personas en situación de exclusión social se ve demasiado influenciada por criterios políticos. Además, estas propuestas se elaboran sin involucrar a las personas que han de beneficiarse de las mismas, lo que supone que muchos de los recursos que se destinan fracasan por ser poco eficaces.

Los parlamentarios que diseñan estos programas tienen escasa formación científica y esto les dificulta para entender la información que reciben/los datos que disponen. Intentar que, desde el principio, la aplicación de los servicios tenga bases científicas y contrastadas es algo muy importante.

 

En Europa, la crisis económica ha producido recortes en políticas y programas. ¿Cuáles han sido sus peores consecuencias para la capacidad de atender a las necesidades infantiles?

Creo que la peor consecuencia de la crisis económica para la capacidad de atender a las necesidades infantiles, por lo menos en el Reino Unido, ha sido el aumento de las privaciones, de las penurias económicas familiares, de la pobreza. Está claro que se recurre más a los bancos de alimentos. No sé si los hay en España, son lugares para adquirir comida gratis o muy barata. Quienes ofrecen servicios y diseñan las políticas tienen que tomar decisiones muy difíciles sobre qué servicios deben mantenerse y cuáles hay que recortar. Cada vez se tienen que recortar más servicios quizá preventivos y de intervención precoz, porque se intenta mantener prestaciones para las familias más necesitadas y ayudar siempre a las que están en crisis. Evidentemente, es una época muy difícil para todos

 

¿Por qué los programas que fomentan el apego parental son tan importantes para el bienestar infantil? ¿Les ha afectado la crisis económica?

No sé si la crisis económica ha tenido un especial impacto en esos programas infantiles, que contribuyen al apego de padres y madres. La importancia del apego radica en que es la base de muchas de las cosas que harán los niños, de las relaciones con sus progenitores, claro está, de su comportamiento, su propio bienestar emocional, etc. Los niños que carecen de un buen vínculo con sus padres tendrán diversos problemas, infantiles y posiblemente posteriores. Pero no es algo incuestionable, aquí no hay determinismo, las cosas pueden cambiar, pero esto es importante. Como dice usted, existen muchos programas que intentan contribuir a que padres e hijos desarrollen vínculos en los primeros años.

 

¿Qué ha tenido más influencia en quienes diseñan las políticas a la hora de definir las prioridades respecto al bienestar infantil, los datos científicos, el análisis coste-beneficio o las encuestas?

Creo que en las decisiones políticas influyen varios factores. A veces creo que a sus responsables sólo les influyen sus intereses particulares, alguna experiencia personal o gente con la que han hablado. Al diseñar intervenciones, sobre todo los políticos, si hablan con ciertos sectores y les mencionan ciertas cosas, éstas se convierten en prioridad. También creo que tienen en cuenta otros elementos, a veces, por supuesto, datos científicos, aunque no tanto como nos gustaría. Desde luego, en el Reino Unido, quienes diseñan las políticas, sobre todo los parlamentarios, tienen escasa formación científica, así que su comprensión de la información suele ser escasa, y eso es un problema. Las encuestas, seguro, y la opinión de los consumidores, deben de influir. Pero nosotros, como organización, intentamos que en esas decisiones influya más la información sobre lo que funciona y no funciona, y, por supuesto, los estudios de ámbito local o nacional que ponen de manifiesto las necesidades familiares en una determinada zona.

 

En la actualidad hay muchos ejemplos y experiencias del ámbito local que se utilizan para mejorar el rendimiento escolar de los niños de familias pobres. ¿Se podrían también aplicar a nivel nacional?

Es una pregunta interesante. Se suele decir que hay políticas o programas que funcionan localmente, pero quizá no a nivel nacional. Es importante que las cosas partan de lo local y allí se pongan a prueba, porque a veces hay contextos locales transcendentales. Y me parece que diseñar intervenciones, programas y políticas en su contexto, considerando en qué situación se van a aplicar, es esencial. Así que, involucrar a la gente en el diseño de esas intervenciones y servicios, ya sean profesionales locales, profesores, sanitarios, trabajadores sociales o consumidores reales o potenciales, me parece que es muy importante y útil. Si no lo hacemos, corremos el peligro de diseñar cosas que nunca se usen o nunca se pongan en marcha. Al mismo tiempo, me parece que esa idea de que los niños o las familias de una zona son distintos a los niños o familias de otra a veces se exagera. Sabemos que los factores que influyen en cosas como el bienestar y el comportamiento infantiles suelen ser iguales en todas partes. A veces se dice en el Reino Unido que “A mis hijos…” o “A los niños de aquí no los beneficiará esto”, y yo no me lo creo. No siempre es así. Pero nuestro campo sí tiene ante sí un reto: la capacidad de exportar intervenciones. Se suele pensar que eso tiene que ver con trasladarlas de un país a otro y con la eficacia, en un país, de algo creado en otro. Pero creo que esto también se podría decir del entorno local, o de lo local que se hace nacional. Algunos programas se exportan bien y otros menos bien, y es necesario investigar más en esa dirección.

 

En su artículo “Servicios para la infancia en España” se afirma que aquí no ha habido “una reflexión general sobre la calidad” de esos servicios. ¿Cuáles serían sus principales recomendaciones a este respecto?

Esa es una cuestión de calado: cómo mejorar la calidad de los servicios. Hay varias cosas. Es decir, en primer lugar, está el diseño general de los servicios para la infancia y la familia, en el que sin duda tienen que influir los datos sobre desarrollo infantil, sobre lo que funciona, y desde luego nosotros estamos trabajando en eso y también muchos otros investigadores. Así que, intentar desde el principio que la aplicación de los servicios tenga bases científicas y contrastadas es algo muy importante. Ya he dicho que es preciso que en ellos influyan quienes van a utilizarlos y quienes van a ponerlos en marcha, que también deben poder opinar sobre su diseño. Está claro que hay que poner a prueba lo que hacemos y descubrir qué funciona y qué no funciona, y después introducir mejoras, para evitar que, por ejemplo, los programas no se ofrezcan… o las intervenciones no se apliquen adecuadamente, por quien debe hacerlo, con la duración correcta. Hay que recabar esos datos y reflexionar constantemente sobre ellos, sin esperar al final de la intervención. Hay que reflexionar permanentemente. Es esencial. Esas serían algunas de mis recomendaciones.

 

¿Qué opinión le merece que en España la educación preescolar no sea ni obligatoria ni gratuita y que en muchas comunidades autónomas muchas familias no se la puedan permitir?

Está claro que las familias tienen un papel esencial en la educación infantil temprana. Los niños pasan casi todo el tiempo con la familia y eso es determinante. Así que, cualquier cosa que fomente la interacción entre la familia y el niño será fundamental. Pero también sabemos que el ciclo de preescolar es muy importante, sobre todo para los niños más desfavorecidos. Hay indicios muy sólidos al respecto, sobre cómo puede contribuir a mejorar el desarrollo, en todos sus aspectos: social, emocional, físico, etc. Su importancia parece evidente y también hay indicios de que puede tener beneficios a largo plazo. Se trata entonces de compensar bien el peso de la educación preescolar con el apoyo que se da a las familias, al cuidado de los niños en el hogar. La mayoría de los programas ya no se limitan a ayudar al niño, sino que ayudan al conjunto de la familia, a los progenitores a relacionarse con sus hijos.

 

La Unidad de Investigación Social de Dartington representa una forma de diseñar servicios basada en datos científicos. ¿Es éste el enfoque más útil a la hora de concebir servicios públicos?

Sí, de manera que cabría pensar que la base científica fuera habitual. Pero es menos habitual, mucho menos habitual de lo que cabría imaginar. Me parece que cuando hablamos de enfoques con base científica hablamos de comprender cómo surgen los problemas, es decir, de comprender lo que a veces denominamos el riesgo y los factores de protección que conlleva la aparición de los problemas. Los factores de riesgo son los que propician los malos resultados, los de protección operan en el contexto del riesgo para intentar proteger a los niños y sus familias de ese riesgo. Y hay muchos excelentes estudios sobre los factores que causan los problemas y cómo interactúan. El desarrollo de servicios con una base más científica se basaría en esa concepción, y se preguntaría cosas como ¿qué sabemos que es eficaz para afrontar ciertos factores de riesgo? o ¿y si fomentamos ciertos factores de protección? Como ya he dicho, un enfoque de base científica tendría en cuenta lo que piensan los profesionales y también los usuarios del servicio. No creo que esos elementos deban ser incompatibles, todo puede formar parte de un enfoque de base científica.

 

¿Cuál es la aportación fundamental de Dartington a la reformulación del diseño de los servicios para la infancia?

Me parece que lo más importante que estamos haciendo, algo interesante, es pensar más en cómo adaptar los programas y cómo revisar con rapidez las intervenciones; además de ayudar a diseñar nuevas intervenciones o adaptar las existentes, ya sea incorporando datos científicos o incorporando las opiniones de profesionales o usuarios. Ahora nos interesa mucho revisar los programas, recoger datos y reflexionar sobre ellos con rapidez. En lugar de esperar al final de una intervención, al final del servicio, para descubrir si ha funcionado o qué le gusta a la gente, nos interesa recoger datos y observarlos, todo en tiempo real: por ejemplo, datos semanales o mensuales, y poder introducir cambios sobre la marcha. Eso es algo en lo que estamos trabajando mucho ahora, sobre todo con el programa Family Nurse Partnership (FNP), de atención domiciliaria a madres jóvenes desfavorecidas.

 

Usted insiste en la necesidad de investigar con datos que sean fáciles de interpretar. ¿Cree usted que los investigadores sociales se comunican con suficiente claridad?

Eso depende, creo que algunos trabajadores sociales trasmiten sus investigaciones con claridad y otros no. A veces hojeo las revistas académicas y no entiendo el título de la mitad de los artículos, y yo trabajo en ese mismo campo: ¡es un poco preocupante! Creo que las cosas han mejorado en los últimos años. Los académicos son más conscientes de la necesidad de comunicarse con un lenguaje sencillo. A veces te encuentras conclusiones de investigaciones explicadas con términos técnicos, pero al lado hay un resumen más sencillo. Creo que cada vez será más habitual intentar trasmitir las investigaciones con términos comprensibles para los usuarios y tratar de difundir así los resultados. Además, está claro que hay formas más innovadoras de difundir la información. Ya no sólo hay textos. Cada vez se recurre más a los medios visuales: la visualización de datos es un entorno muy prometedor, y también cosas como las entrevistas y los vídeos. Estamos mejor, pero queda mucho camino por recorrer.

 

¿Podría decirnos cuáles son, en la actualidad, sus principales líneas de trabajo y proyectos? ¿Cree que próximamente tendrá nuevos hallazgos?

Mi principal labor en este momento es terminar unas pruebas de control aleatorio que nuestra unidad ha venido realizando en los últimos años y que tienen que ver con la prevención de comportamientos antisociales y actos delictivos. Por ejemplo, hay un programa de prevención de la violencia en parejas de escolares. En esas cosas estamos. Una escuela para padres y madres, y otro programa de tutelaje para jóvenes. De todos ellos daremos cuenta el año próximo. También acabamos de finalizar las pruebas de un programa de prevención del acoso escolar finlandés, que se ha puesto en marcha en el Reino Unido. Ha sido un proyecto especialmente interesante, porque se centra en el papel del espectador, no del matón ni de la víctima, sino de quien asiste al abuso, y en cómo puede animar o desmotivar al acosador. Es un estudio interesante. También estamos trabajando en una parte del programa Family Nurse Partnership, un proyecto de atención domiciliaria de base empírica para madres jóvenes desfavorecidas, que el año pasado evaluó en el Reino Unido otro centro, no el nuestro. Se hizo una prueba de control aleatorio, que descubrió que no tenía impacto, o prácticamente ninguno. Así que colaboramos con ese FNP para adaptar partes del programa, tanto su contenido clínico como todo su procedimiento de aplicación. Y estamos comprobando sus resultados y la opinión de los usuarios, de los clientes, pero también cómo aplican los enfermeros la versión adaptada. Es un programa muy estimulante para nosotros, que nos permite recoger datos y observarlos con regularidad, de forma repetitiva. 

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