Desigualdades en salud por nivel educativo y género en España

¿Cuánto contribuyen las dificultades económicas a las diferencias en salud según nivel educativo?

Aïda Solé-Auró, Departamento de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Pompeu Fabra

¿Hasta qué punto las diferencias en discapacidad por nivel educativo y género están relacionadas con un mayor o menor grado de pobreza? Los datos de las estadísticas comunitarias sobre la renta y las condiciones de vida (EU-SILC, por sus siglas en inglés) correspondientes a España nos permiten medir la prevalencia de limitación de actividad y la tasa de dificultades económicas por nivel educativo, género y grupos de edad.

Tras medir la relación entre las dificultades económicas y la limitación de actividad, primero calculamos la mayor desventaja en términos de limitación de actividad de los individuos con un nivel educativo bajo y la comparamos con la de aquellos con un nivel educativo medio; posteriormente calculamos la ventaja en términos de limitación de actividad reducida de los individuos con un nivel educativo alto y la comparamos con la de aquellos con un nivel educativo medio. Ello nos permite obtener la contribución (porcentual) de las dificultades económicas a la relación entre educación y limitación de actividad por género.

La distribución de las dificultades económicas por género es bastante similar en todos los grupos por nivel educativo. El grado de ventaja/desventaja en la limitación de actividad varía en función del nivel educativo y del género. Las dificultades económicas contribuyen a la ventaja/desventaja en la limitación de actividad, pero de distinto modo entre hombres y mujeres según niveles educativos.

Se deben adoptar en España medidas encaminadas a reducir la pobreza y disminuir los niveles y diferencias en términos de discapacidad. 

1. Introducción

La esperanza de vida en los países europeos cada vez es mayor. En España, en concreto, en 2014, la esperanza de vida al nacer era de 83,3 años; para las mujeres se situaba en los 86,2 años, casi seis años más que para los hombres (80,4 años). Sin embargo, en las edades avanzadas, una proporción muy significativa de la vida se relaciona con enfermedades y discapacidad (Solé-Auró y Crimmins, 2013), registrándose importantes variaciones entre los distintos grupos socioeconómicos (Mackenbach et al., 2008).

A pesar de los avances en atención sanitaria, de la expansión de la educación y de un aumento en la renta, en España persisten importantes diferencias en términos de esperanza de vida y de salud según el nivel educativo. Comprender las diferencias y abordar las disparidades es esencial para mejorar la salud general de la ciudadanía y reducir las desigualdades en esta área. Ante una situación de discapacidad, los grupos con un nivel educativo bajo muestran una desventaja continua, mientras que aquellos con un nivel educativo alto presentan una ventaja sistemática (Cambois et al., 2016).

La discapacidad puede producirse como consecuencia de ciertas enfermedades crónicas que han deteriorado las funciones corporales y mermado la realización de actividades, dificultando la participación social y afectando a la calidad de vida. Además, los recursos de que dispone un individuo para ajustarse a unas funciones deterioradas (dispositivos de asistencia, personas cuidadoras, entorno adaptado) también inciden en la discapacidad. Por consiguiente, las diferencias según el nivel socioeconómico en la prevalencia de discapacidad emanan de complejas interacciones entre las características de un individuo, su hogar y el país de que se trate (Eikemo et al., 2008). 

Diferencias de ingresos, pobreza y nivel educativo en materia de salud

Los ingresos influyen en el estado de salud de un individuo a través de dos vías  principales (Marmot, 2002). En primer lugar, repercuten en la salud de un modo material, porque determinan las condiciones de vida y el tipo de bienes y servicios que pueden adquirirse. En segundo lugar, tienen un efecto psicológico, porque guardan relación con el grado de control que un individuo ejerce sobre su vida y el entorno. Por consiguiente, un aumento en los ingresos puede tener un efecto positivo en la salud en todo el espectro social. No obstante, algunos autores observan, basándose en datos transversales de 56 países, que el beneficio puede ser decreciente al alcanzarse el límite «material» (Rodgers, 1979); otros señalan, partiendo de datos correspondientes a Estados Unidos, que existe una relación lineal entre los ingresos y la esperanza de vida (Chetty et al., 2016). La relación ingresos-salud permite explicar, en parte, las diferencias por nivel educativo en materia de salud o de discapacidad (Montez, Hummer y Hayward, 2012), del mismo modo en que la educación refleja parcialmente las condiciones materiales en las primeras etapas de la vida (Hayward y Gorman, 2004). 

Desarrollo de la educación en España

La evolución del sistema educativo en España a partir de la guerra civil (1936-1939) no ha incidido de forma uniforme en las sucesivas generaciones de estudiantes (Ballarino et al., 2009). Bajo el régimen dictatorial de Franco, el Estado desempeñó un papel primordial en la educación, dominada por el sector privado, en especial en lo que respecta a la enseñanza secundaria. Sin embargo, el deterioro de las condiciones de vida de los españoles tras la contienda impidió un acceso generalizado a las instituciones de educación privadas. Ello provocó significativas desigualdades de clase (y de género) en los niveles de formación. No sería hasta 1970 —cinco años antes de la muerte de Franco— cuando la población se beneficiaría de la introducción de un sistema de enseñanza obligatoria hasta los 14 años. De la Fuente y Doménech (2015) presentan una detallada descripción de la evolución del nivel educativo de la población adulta en España entre 1960 y 2010. Señalan que durante dicho período se produjo un importante aumento en el número medio de años de escolarización, que pasó de 4,70 años en 1960 a 9,64 en 2010. A la sazón, la mayoría de los países desarrollados presentaban unas tasas de analfabetismo bajas, que contrastaban con las de España y otros países europeos meridionales, donde el analfabetismo seguía alcanzando unas cotas muy altas. A lo largo de las cuatro décadas señaladas, las tasas de analfabetismo se redujeron drásticamente, pasando del 15 % al 2,1 %.

El presente estudio examina la variación en España en la prevalencia de desventaja en términos de discapacidad de los grupos con un nivel socioeconómico bajo y la prevalencia de ventaja en términos de discapacidad de los grupos con un nivel socioeconómico alto. También cuantifica hasta qué punto la distinta ventaja/desventaja en términos de discapacidad de los grupos con un nivel educativo bajo y la de aquellos con un nivel educativo alto, en comparación con la de los grupos con un nivel educativo medio, se explican por los respectivos niveles de pobreza. Hay varios escenarios posibles. Una elevada desventaja en términos de discapacidad podría estar ligeramente influida por la pobreza, si esta se suma a otros importantes factores que influyen en la discapacidad (condiciones de trabajo nocivas, acceso limitado a una asistencia sanitaria eficiente, prácticas dañinas). En cambio, la pobreza podría contribuir significativamente a la desventaja en términos de discapacidad de los grupos con un nivel educativo bajo en aquellos contextos donde la pobreza es reducida, pero está concentrada específicamente en estos grupos. Con respecto a los grupos con un nivel educativo alto, la pobreza podría contribuir significativamente a su ventaja en términos de discapacidad en comparación con los grupos con un nivel educativo medio, donde el riesgo de pobreza es elevado. En cambio, la contribución podría ser moderada cuando la pobreza es escasa, tanto en los grupos con un nivel educativo alto como en aquellos con un nivel educativo medio, y cuando las diferencias entre los grupos obedecen a otros factores. 

2. Nuestro estudio

Para la elaboración de este estudio nos hemos basado en las estadísticas comunitarias sobre la renta y las condiciones de vida (EU-SILC), una base de datos con información recogida por las oficinas nacionales de estadística. Utilizamos los datos transversales de las EU-SILC de 2014 correspondientes a España, que incluyen un módulo especial sobre pobreza material. Los datos fueron recabados mediante encuestas ad hoc que aportan información proporcionada voluntariamente sobre variables de salud y de nivel socioeconómico. Incluimos a individuos de más de 30 años de edad porque los datos que aportan sobre el nivel educativo suelen ser fiables y porque, en la mayoría de los casos, este se mantiene constante a lo largo de la vida adulta. Excluimos a individuos de más de 80 años porque la información aportada sería incompleta. Nuestro estudio comprende 19.954 individuos españoles (9.553 hombres y 10.401 mujeres) de entre 30 y 79 años de edad (tabla 1).

Indicadores

DISCAPACIDAD

Para identificar la discapacidad nos basamos en el Indicador de Limitación de Actividad Global, que mide la salud en relación con la limitación de actividad mediante una única pregunta: «Durante los últimos seis meses, ¿hasta qué punto un problema de salud le ha supuesto una limitación para realizar aquellas actividades que la gente normalmente lleva a cabo?». Las categorías de respuestas eran: a) Limitación severa; b) Cierta limitación, pero no severa; c) Ninguna limitación. Consideramos dos grupos: los individuos con una limitación severa y con una cierta limitación, y los individuos sin ninguna limitación. 

EDUCACIÓN

Utilizamos la educación —una variable substitutiva muy común, pero incompleta, del nivel socioeconómico— porque tiende a mantenerse estable tras el comienzo de la edad adulta y puede medirse con facilidad, debido a que las personas encuestadas suelen ser francas con respecto al nivel educativo alcanzado. La educación guarda una estrecha relación con la salud y el riesgo de discapacidad a través de varias vías causales: en concreto, las circunstancias del individuo durante los primeros años de vida, la situación en el hogar, las oportunidades de empleo, y el desarrollo de competencias para conservar la salud y adaptarse a los trastornos. Consideramos tres grupos en función del nivel educativo alcanzado según la Clasificación Internacional Normalizada de la Educación (CINE) 2011: bajo (primaria y primer ciclo de enseñanza secundaria), medio (segundo ciclo de enseñanza secundaria) y alto (educación superior).

Las diferencias por género entre los individuos con un nivel educativo alto y aquellos con un nivel educativo bajo se han reducido en los últimos años.

POBREZA

La EU-SILC de 2014 permite abordar la pobreza mediante un módulo temático sobre situaciones de pobreza autopercibida (Whealan y Maître, 2013). En el presente estudio nos centramos en la dimensión de «estrés económico» del módulo temático, que se evalúa mediante dos conceptos. El primero guarda relación con «la capacidad de un hogar para hacer frente a gastos imprevistos» (Sí/No). El segundo deriva de la siguiente pregunta: «Los ingresos de un hogar pueden proceder de diversas fuentes; a veces, hay más de un miembro que contribuye a ellos. Según los ingresos totales de su hogar, ¿con qué facilidad se llega a final de mes?; es decir, ¿con qué facilidad se puede hacer frente a los gastos habituales necesarios?». Las posibles respuestas eran: a) Con gran dificultad; b) Con dificultad; c) Con cierta dificultad; d) Con bastante facilidad; e) Con facilidad; f) Con mucha facilidad. Consideramos que todas aquellas personas que habían contestado que su hogar llegaba a final de mes «Con gran dificultad» y «Con dificultad» (y que, por consiguiente, tenían dificultades para hacer frente a gastos imprevistos) se hallaban en situación de dificultades económicas. 

Análisis

Tras diferenciar los grupos por sexo, primero analizamos la distribución de niveles educativos y luego la prevalencia de la limitación de actividad y de dificultades económicas según el nivel educativo de toda la franja de edad de 30-79 años, considerada como una unidad, y de dos franjas de edad (30-54 y 55-79 años), con objeto de destacar los cambios entre los grupos de edad.

Seguidamente indicamos, mediante el empleo de técnicas estadísticas, el grado de relación entre las dificultades económicas y la limitación de actividad por grupos de edad y por género. Para ello cuantificamos en qué medida la presencia de dificultades económicas estaba relacionada con la limitación de actividad. Si el valor obtenido era superior a 1, se consideraba que las dificultades económicas estaban relacionadas positivamente con la limitación de actividad. Por último, proporcionamos la contribución de las dificultades económicas a la ventaja/desventaja en términos de limitación de actividad de los grupos con un nivel educativo alto y de aquellos con uno bajo en comparación con los grupos con un nivel educativo medio, por género- Analizamos hasta qué punto las dificultades económicas median en la ventaja/desventaja en términos de discapacidad relacionada con la educación. Según se observa en el gráfico 1, medimos el efecto directo del nivel educativo y el efecto indirecto mediado por las dificultades económicas. La descomposición del efecto total (directo más indirecto) permite estimar la contribución porcentual de las dificultades económicas al efecto total del nivel educativo (efecto indirecto dividido por el efecto total), entre otros factores sociales (comportamientos, acceso a una atención sanitaria adecuada y adaptación, y condiciones de trabajo y del entorno laboral). 

3. Resultados

Distribución del nivel educativo por grupos de edad y género

El gráfico 2 muestra la distribución del nivel educativo con arreglo a tres franjas de edad (30-54; 55-79; todas: 30-79 años) y por género. Las cifras revelan que en los últimos años se han reducido las diferencias por género entre los individuos con un nivel educativo alto y aquellos con un nivel educativo bajo. Las mujeres y los hombres con un nivel educativo bajo representan la mayoría de los integrantes de la muestra en todos los grupos de edad; además, esta proporción siempre es mayor en comparación con los hombres con un nivel educativo bajo. Ello se explica, en parte, por la historia del sistema educativo español. 

El porcentaje de mujeres con un alto nivel educativo aumenta con el tiempo, pasando del 14,5 %, en el grupo de mayor edad, al 42,4 % en el de menor edad. Sin embargo, estos porcentajes son más bajos en todos los grupos de edad para mujeres que para hombres. 

La historia del sistema educativo español explica por que la proporción de mujeres con un nivel educativo bajo es más alta que la de los hombres.

Los hombres con un nivel educativo elevado representan casi un tercio de la distribución (29,8 %), y el porcentaje de personas con un bajo nivel educativo ha disminuido hasta convertirse en el más bajo de las generaciones más jóvenes en comparación con el grupo de más edad (55-79 años). La proporción de individuos con un nivel educativo medio se mantiene bastante estable en todos los grupos de edad. 

 

Distribución de la limitación de actividad y de las dificultades económicas en los distintos grupos de edad y nivel educativo por género

La prevalencia de limitación de actividad estandarizada por edades varía en los distintos grupos por edad, género y nivel educativo (tabla 1). Los individuos con un nivel educativo bajo muestran sistemáticamente la prevalencia de limitación de actividad más elevada, mientras que aquellos con un nivel educativo alto muestran la prevalencia más baja, aunque en distinto grado según el género y la franja de edad. La prevalencia de limitación de actividad en los hombres y mujeres con un nivel educativo bajo se duplica en las edades más avanzadas en comparación con los grupos más jóvenes; en el caso de los hombres con un nivel educativo alto casi se triplica, mientras que en el de las mujeres con un elevado nivel educativo se duplica en los dos grupos de edad. No existe ninguna prueba que demuestre una relación sistemática entre la distribución de la población en los distintos grupos por nivel educativo y la amplitud de las diferencias en la limitación de actividad.

El nivel medio de dificultades económicas es bastante similar entre hombres y mujeres (38,9 % y 39,9 %, respectivamente) (tabla 1). Si se considera la totalidad de la muestra, la distribución de las dificultades económicas se sitúa por debajo del 21 % en el grupo con un nivel educativo alto, pero por encima del 51 % en el grupo con un nivel educativo bajo, en ambos géneros.

Aunque las diferencias económicas afectan sistemáticamente y en mayor medida a los grupos con un nivel educativo bajo, se registran algunas variaciones. Los niveles más bajos de dificultades económicas para los grupos con un nivel educativo bajo (entre el 42 % y el 44 %), se observan tanto en los hombres como en las mujeres del grupo de mayor edad; sin embargo, en el grupo de entre 30 y 54 años de edad, casi dos tercios de los individuos con un nivel educativo bajo afirman tener dificultades económicas. Los grupos con un nivel educativo elevado son los menos afectados por estas. Un 21,9 % de los hombres con un nivel educativo elevado y de entre 30 y 54 años de edad tienen  dificultades económicas, mientras que el porcentaje para los del grupo de 55 a 79 años se sitúa en  un 12,8 %. En cambio, las mujeres con un nivel educativo elevado muestran diferencias menos pronunciadas por grupos de edad (21,8 % en las más jóvenes y 15,4 % en las de mayor edad).

Prevalencia de discapacidad por género en los distintos grupos por nivel educativo

El gráfico 3 muestra gráficamente la distinta prevalencia de limitación de actividad, estandarizada por edades, en los tres grupos por nivel educativo según el género y la franja de edad. Representamos la proporción de los grupos por nivel educativo de la población mediante círculos: los de nivel educativo bajo suelen presentar círculos más grandes que los grupos con un nivel educativo medio o con uno alto, mientras que en los grupos por género, los círculos presentan un tamaño similar, tanto en los hombres como en las mujeres.

En los grupos de edad de 30-79 años, las mujeres con un nivel educativo bajo presentan prevalencias de limitación de actividad significativamente superiores a las de los hombres con un nivel educativo bajo. Sin embargo, no se aprecian diferencias significativas por género en el resto de los grupos por nivel educativo, que presentan unos niveles similares de limitación de actividad por género.

Cuando llevamos a cabo una estratificación por franjas de edad, los resultados muestran unas pautas distintas. Los niveles más bajos de limitación de actividad resultan visibles para el grupo de edades más jóvenes, en ambos géneros y en todos los niveles educativos. Los grupos con un nivel educativo bajo suelen ser más amplios en la franja de edad más avanzada (55-79 años) que en la de menor edad (30-54 años). En ambas franjas de edad, los hombres con un nivel educativo bajo presentan unos niveles de limitación de actividad más bajos que las mujeres con el mismo nivel educativo. No se aprecian diferencias significativas en el grupo de individuos con un nivel educativo medio por género, que presentan unos niveles de limitación de actividad similares. Con independencia del género, los niveles de limitación de actividad más bajos se observan en los individuos con un nivel educativo más elevado. En este grupo solo se observan diferencias significativas por género en la franja de edad más avanzada (55-79 años), donde las mujeres registran unos niveles de limitación de actividad más bajos que los hombres. 

Relación entre dificultades económicas y discapacidad por género en España

Al tomar en consideración la edad y el nivel educativo, se obtiene una relación positiva entre las dificultades económicas y la limitación de actividad (todos los coeficientes superiores a 1) (gráfico 4). Las dificultades económicas se relacionan positivamente con la limitación de actividad en los hombres y mujeres de todos los grupos de edad. La relación más acusada con respecto a las dificultades económicas se registra en las mujeres del grupo de edad más avanzada, y la menos acusada en el grupo de los hombres adultos. 

Contribución de las dificultades económicas a la relación entre educación y discapacidad por género

Para explicar las variaciones en limitación de actividad, observamos el papel desempeñado por la pobreza (utilizando nuestra definición de dificultades económicas) en todos los grupos por nivel educativo. En efecto, la pobreza es un importante factor de salud deficiente, y las desigualdades en materia de ingresos se correlacionan con las desigualdades en materia de salud.

El gráfico 5 muestra la contribución (porcentual) de las dificultades económicas a la desventaja o ventaja en términos de limitación de actividad de los grupos con un nivel educativo bajo y de aquellos con un nivel educativo alto (en comparación con los grupos con un nivel educativo medio), así como la frecuencia de dificultades económicas según el tamaño del círculo que presenta cada grupo. Las dificultades económicas contribuyen hasta un 23 % a las diferencias en limitación de actividad entre los hombres con un nivel educativo bajo y aquellos con uno medio; el 18 % representa el porcentaje de contribución de las dificultades económicas a las diferencias en limitación de actividad entre las mujeres con un nivel educativo bajo y aquellas con uno medio (un nivel educativo bajo incrementa la probabilidad de discapacidad en comparación con uno medio en +0,44 en los hombres [efecto indirecto de 0,10] y en +0,58 en las mujeres [efecto indirecto de 0,10]).  Las dificultades económicas contribuyen hasta el 32 % y el 57 % a las diferencias en limitación de actividad entre los hombres y mujeres con un nivel educativo bajo y con uno medio, respectivamente (un nivel educativo alto disminuye la probabilidad de discapacidad en comparación con uno medio en -0,29 en los hombres [efecto indirecto de -0,09] y en -0,28 en las mujeres [efecto indirecto de -0,16]). 

Las dificultades económicas contribuyen hasta el 57% a las diferencias en la limitación de actividad entre las mujeres con un nivel educativo medio y alto.

Aunque la distribución de las dificultades económicas es bastante similar entre los hombres y las mujeres en todos los grupos por nivel educativo, la contribución de las dificultades económicas a las diferencias en limitación de actividad en los grupos con un nivel educativo alto y en aquellos con uno medio es más alta en las mujeres (57 %) que en los hombres (32 %). Esto puede explicarse por la diferencia ligeramente superior en las dificultades económicas entre las mujeres con un nivel educativo medio y aquellas con uno alto (41,8 % frente al 20,7 %) en comparación con los hombres con un nivel educativo medio y aquellos con uno alto (36,6 % frente al 19,4 %), y por los distintos factores sociales que determinan la discapacidad en los hombres y en las mujeres.

Por otro lado, la contribución de las dificultades económicas a las diferencias en limitación de actividad en los grupos con un nivel educativo bajo frente a aquellos con uno medio es más similar entre géneros (23 % en los hombres y 18 % en las mujeres). Esta contribución de las dificultades económicas a las diferencias en la limitación de actividad es moderada. La diferencia en dificultades económicas entre los hombres con un nivel educativo bajo frente a aquellos con uno medio es del 15 %, mientras que la diferencia entre las mujeres con un nivel educativo bajo frente a aquellas con uno medio es del 10 %. El hecho de que las dificultades económicas sean superiores en los hombres puede explicarse por la contribución ligeramente distinta en los hombres con un nivel educativo bajo frente a las mujeres con el mismo nivel educativo y frente a aquellas con un nivel educativo medio. Existen otros factores, además de las dificultades económicas, que contribuyen en mayor medida a las diferencias en limitación de actividad en todas las personas con un nivel educativo bajo.

4. Conclusiones

En España, el nivel educativo, el nivel de dificultades económicas y el género influyen en las diferencias en materia de salud. La distribución de las mujeres con un nivel educativo bajo suele ser más amplia en todos los grupos de edad en comparación con los hombres. Los grupos con un nivel educativo bajo muestran de forma constante la mayor prevalencia de limitación de actividad y aquellos con un nivel educativo alto, la menor. Por género, las mujeres con un nivel educativo bajo presentan prevalencias de limitación de actividad significativamente más elevadas que los hombres con un nivel educativo bajo. Sin embargo, no se aprecian diferencias significativas por género en el resto de los grupos por nivel educativo, que muestran unos niveles de limitación de actividad similares.

La distribución de dificultades económicas no experimenta muchos cambios por género entre los distintos grupos por nivel educativo; en cambio, sí que varía en las distintas franjas de edad. Las mujeres jóvenes con un bajo nivel educativo presentan los valores más altos de dificultades económicas. Con independencia del nivel educativo, los adultos jóvenes muestran los niveles más elevados de dificultades económicas en relación con los adultos de más edad. 

Con independencia del nivel educativo, los adultos jóvenes afirman tener más dificultades económicas que los de más edad. Las mujeres jóvenes de nivel educativo bajo presentan los niveles más altos de dificultades económicas.

En términos generales, la pobreza material contribuye a la relación entre educación y discapacidad, pero el grado de contribución difiere. La menor contribución de las dificultades económicas a las diferencias en limitación de actividad se produce entre los individuos —tanto hombres como mujeres— con un nivel educativo bajo y un nivel educativo medio. Ello indica que otros factores sociales no abordados en el presente estudio —como el acceso a la asistencia sanitaria, los comportamientos que afectan a la salud, las condiciones de trabajo y del entorno laboral— junto con la pobreza también contribuyen a las diferencias en limitación de actividad en los grupos más desfavorecidos (nivel educativo bajo). La mayor contribución de las dificultades económicas a las diferencias en limitación de actividad se observa entre las mujeres con un nivel educativo alto y aquellas con uno medio (57 %), al tiempo que la mayor prevalencia de dificultades económicas también se aprecia entre las mujeres con un nivel educativo alto y aquellas con uno medio (21,1 %). 

Independientemente del sexo, los niveles de limitación de actividad más bajos se observan en los individuos con un nivel educativo más alto.

Este resultado sugiere que, si bien las dificultades económicas y la discapacidad son menos frecuentes en los individuos con un nivel educativo más elevado (quienes informan de estos problemas presentan unas características muy específicas), la pobreza también desempeña un papel en las mujeres con un nivel educativo alto frente a aquellas con uno medio, pero es posible que distintos factores sociales que determinan la discapacidad en hombres y mujeres también favorezcan esta alta contribución.

Las dificultades económicas pueden ser inusuales o frecuentes en función, tanto de la situación económica del país, como del nivel de protección frente a la pobreza material. En la relación entre pobreza material y discapacidad también puede darse la causalidad inversa, de modo que el riesgo de pobreza es reducido significativamente mediante programas de políticas; la contribución a las diferencias sociales puede ser importante en la medida en que están significativa y directamente relacionadas con la discapacidad. Además, su contribución en términos porcentuales puede ser baja debido a que otros factores (variación en los comportamientos que afectan a la salud, distintas oportunidades para hacer frente a problemas de salud) también pueden incidir en las diferencias.

Nuestros resultados para España sugieren que los programas para reducir la pobreza pueden desempeñar un significativo papel en la gradiente educativa; sin embargo, los beneficios serán moderados mientras la proporción de las diferencias explicadas por las dificultades económicas sea reducida. Las iniciativas encaminadas a reducir la pobreza contribuirán a atenuar las diferencias en discapacidad entre los grupos por nivel socioeconómico y a incrementar una esperanza de vida saludable.

Aïda Solé-Auró, Departamento de Ciencias Políticas y Sociales
Universidad Pompeu Fabra

 

5. Referencias

Ballarino, G., F. Bernardi, M. Requena y H. Schadee (2009): «Persistent inequalities? Expansion of education and class inequality in Italy and Spain», European Sociological Review, 25(1).

Cambois, E., A. Solé-Auró, H. Brønnum-Hansen, V. Egidi, C. Jagger, B. Jeunee, W.J. Nusselder, H. Van Oyen, C. White y J.-M. Robine (2016): «Educational differentials in disability vary across and within welfare regimes: a comparison of 26 European countries in 2009», Journal of Epidemiology and Community Health, 70(4).

Chetty, R., M. Stepner, S. Abraham, L. Shelby, B. Scuderi, N. Turner, A. Bergeron y D. Cutler (2016): «The association between income and life expectancy in the United States, 2001-2014», The Journal of the American Medical Association – JAMA, 315(16).

Eikemo, T.A., M. Huisman, C. Bambra y A.E. Kunst (2008): «Health inequalities according to educational level in different welfare regimes: a comparison of 23 European countries», Sociology of Health & Illness, 4.

Fuente, A. de la, y R. Doménech (2015): «Educational attainment in the OECD, 1960-2010. Updated series and a comparison with other sources», Economics of Education Review, 48.

Hayward, M.D., y B.K. Gorman (2004): «The long arm of childhood: the influence of early-life social conditions on men’s mortality», Demography, 41(1).

Mackenbach, J.P., I. Stirbu, A.J. Roskam, M.M. Schaap, G. Menvielle, M. Leinsaly y A.E. Kunst (2008): «Socioeconomic inequalities in health in 22 European countries», The New England Journal of Medicine, 23.

Marmot, M. (2002): «The influence of income on health: views of an epidemiologist», Health Affairs (Millwood), 21(2).

Montez, J.K., R.A. Hummer y M.D. Hayward (2012): «Educational attainment and adult mortality in the United States: a systematic analysis of functional form», Demography, 49(1).

Rodgers, G.B. (1979): «Income and inequality as determinants of mortality: an international cross-section analysis», Population Studies, 33(2).

Solé-Auró, A., y E.M. Crimmins (2013): «The oldest old: health in Europe and the United States», en J.-M. Robine, C. Jagger y E.M. Crimmins (eds.): Healthy longevity. A global approach, Annual Review of Gerontology and Geriatrics, Nueva York: Springer.

Whealan, C., y B. Maître (2013): «Material deprivation, economic stress, and reference groups in Europe: an analysis of the EU-SILC 2009», European Sociological Review, 29(6).

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Aïda Solé-Auró, Departamento de Ciencias Políticas y Sociales,
Universidad Pompeu Fabra

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