«Cuando los abuelos colaboran en el cuidado de los niños, aumenta la natalidad»

Aart Liefbroer, sociólogo e investigador del Insituto Nacional de Demografía de los Países Bajos

Aart Liefbroer es sociólogo e investigador del Instituto Nacional de Demografía de los Países Bajos. Sus investigaciones sobre fertilidad, formación familiar y cambio social y demográfico son de referencia en Europa. Uno de sus principales ámbitos de estudio es la influencia que los valores familiares tienen en el comportamiento demográfico y sus resultados en el curso de la vida de las personas. Por eso ha analizado los determinantes y las consecuencias que se derivan de acontecimientos demográficos como el matrimonio, la paternidad temprana o la separación.


 

Sus últimas investigaciones analizan la influencia que tienen las vivencias familiares en el inicio de la vida adulta. Es lo que usted denomina «transmisión intergeneracional del  comportamiento demográfico».

El origen de mi interés por este ámbito de estudio es la sensación de que se prestaba muy poca atención a los antecedentes familiares en el análisis del comportamiento demográfico. De nuestras investigaciones se concluye que existen distintas formas a través de las cuales se produce una transmisión intergeneracional del comportamiento demográfico.

Por un lado, los padres suelen intentar transmitir valores a sus hijos y, como resultado de ello, estos actúan en su vida adulta teniendo en consideración estos valores.

También puede suceder que los hijos detectasen cuándo sus padres experimentaron ciertos acontecimientos el nacimiento de sus hermanos, matrimonios, separaciones, etc. y que en la vida adulta modulen su comportamiento sobre la base de las actitudes que observaron en sus padres cuando sucedieron estos eventos.

Y finalmente, puede ocurrir que el comportamiento de los hijos se parezca al de sus padres porque sus circunstancias vitales son más o menos parecidas. En este caso hablamos de transmisión intergeneracional de oportunidades económicas.
 

Pero existen también otros factores que trascienden el ámbito familiar y que determinan si se produce o no esta transmisión de valores y comportamientos...

Por supuesto. Supongamos que los hijos se vuelven más dependientes económicamente de sus padres. Esto probablemente fortalecerá la influencia de los padres. Y al contrario: si la gente se vuelve más individualista, algo que ocurre a menudo cuando se logra la independencia económica, es más fácil que un adulto joven actúe conforme a su propia personalidad, en vez de reproducir los comportamientos de sus padres.

En general, la transmisión intergeneracional del comportamiento demográfico es más limitada en la medida en que una sociedad se vuelve más individualista. Por el contrario, este proceso es más fuerte si la situación económica de la sociedad se deteriora.
 

En algunas sociedades occidentales se ha producido una gran transformación de las estructuras familiares en relativamente poco tiempo. ¿Qué indican estos cambios en los comportamientos demográficos?

En mi opinión, el número de hijos que una pareja acaba teniendo casi nunca obedece estrictamente a una cuestión de ideales. A menudo es una mezcla de razones culturales, cuestiones económicas y las políticas sociales que se aplican en cada país (que también tienen un trasfondo económico).

La situación económica es un factor relevante al analizar si se repiten o no los patrones demográficos. En un contexto de falta de crecimiento económico durante un período prolongado es normal que aumente el número de personas que aplaza su decisión de casarse o tener hijos. Pero no es el único factor determinante.

En el caso de la enorme reducción de los matrimonios en España, es obvio que influye la crisis, pero también tiene que ver con un cambio profundo en los valores de la sociedad.

Antes, cuando se llegaba a cierta edad o a cierto punto de una relación de pareja, lo natural era casarse. Pero ahora los jóvenes se preguntan: ¿debería casarme? ¿Cuál es la diferencia? Esto es claramente un cambio cultural.

Si hacemos el análisis a medio o largo plazo, la probabilidad de que los hijos de estas nuevas generaciones se casen es menor que en las generaciones previas, y también es probable que tengan menos hijos. Si tus padres no están casados, eso es para ti la situación normal. Así que, ¿por qué has de casarte?
 

Otra situación ya habitual en España es que son los abuelos quienes se hacen cargo de los niños durante más horas que los padres, que están trabajando...

Sí. Es difícil predecir cómo esta situación puede afectar a los niños. Nuestros estudios en los Países Bajos sobre la «generación sándwich» –adultos que cuidan de sus hijos y también de sus padres mayores– indican que cuando los abuelos participan en el cuidado del primer hijo, las posibilidades de que los padres tengan un segundo hijo son mayores.

En mi país muchos padres llevan a sus hijos a las guarderías solo dos días a la semana. Los abuelos se encargan de ellos durante un día o dos. Y hemos observado que esto contribuye al aumento de la natalidad.

Los hijos de padres que han permanecido juntos tienen más posibilidades de tener una relación duradera

No hemos estudiado si el mismo caso se da en países como España. Pero cuando resulta difícil acceder al cuidado formal de los niños por problemas económicos, probablemente será más fácil tener más hijos si se puede recurrir a la ayuda de los abuelos.

No es la situación ideal. Lo mejor es que existan políticas sociales que ayuden a las parejas a lograr el equilibrio entre la vida familiar y la vida profesional. Pero a veces estas políticas no se pueden implementar.
 

¿Qué implicaciones puede tener en el desarrollo de los niños el hecho de pasar tanto tiempo con sus abuelos?

No conozco ninguna investigación que haya abordado esta situación, pero sin duda es un tema de estudio relevante. 

En mi opinión, puede tener consecuencias positivas en el desarrollo de los niños: por un lado, su vocabulario será más rico, porque cada generación tiene una forma propia de expresarse; y por otro, sus experiencias vitales se fortalecerán. En la sociedad actual resulta muy difícil que se establezcan relaciones entre la gente mayor y la gente joven. Ocurre con muy poca frecuencia. Es en el entorno de la familia donde este tipo de encuentros se pueden desarrollar.

Al mismo tiempo, imagino que también puede tener otras consecuencias que los padres de los niños no deseen, porque cada uno quiere educar a sus hijos a su manera.

El aumento de las separaciones entre las clases bajas aumenta la brecha de la desigualdad en las sociedades

En sus trabajos cita la separación y la paternidad a edad temprana como patrones que se repiten entre padres e hijos a la hora de formar familias. ¿Pasa lo mismo con los ejemplos contrarios? Es decir, ¿los hijos de padres que convivieron juntos toda la vida –feliz o infelizmente– o los hijos nacidos tardíamente también repiten los mismos comportamientos que sus padres?
 

Respecto a la fertilidad, nuestras investigaciones indican que cuando los padres han tenido un hijo a una edad relativamente temprana, se incrementan las posibilidades de que sus hijos también sean padres jóvenes. En cambio, si los padres han tenido hijos a una edad tardía, hay más variación. Este patrón no se repite tanto.

En cuanto a la separación, los hijos de padres separados tienen una probabilidad más alta de separarse. Y viceversa: los hijos de padres que han permanecido juntos tienen más posibilidades de tener una relación duradera. Una posible razón es que en su hogar familiar han visto que las situaciones complicadas se pueden superar.

Un estudio en los Países Bajos muestra que las posibilidades de separarse aumentan alrededor del 25% en hijos de padres separados. Y la probabilidad de que una pareja se separe es un 45% mayor si los padres de los dos miembros también se separaron. Es decir, no solo importan las experiencias de uno, sino la acumulación de experiencias en el seno de una pareja.
 

Según algunos estudios, las separaciones han pasado a ser un fenómeno más común entre las clases bajas, cuando antes era más frecuente en las clases altas.

En el pasado, la separación era más común entre las personas nacidas de matrimonios de clase alta porque eran las únicas que tenían los medios económicos para afrontarlo. Pero hoy en día es más probable que las familias de clase más baja puedan separarse. Hay varias posibles razones que explican este fenómeno.

Los hijos de familias de clase alta tienen una educación superior y, en consecuencia, mejores competencias para negociar con su pareja o tratar racionalmente los conflictos que surgen. En cambio, para los que tienen menor acceso a la educación, es más difícil adquirir las habilidades para tratar los conflictos de pareja y llegar a un entendimiento.

Por otra parte, en algunos países existen ayudas económicas para familias monoparentales que pueden contribuir a que las personas de clases más bajas opten por separarse.
 

Pero aun así, la separación empobrece a ambos miembros de la pareja. Si aumentan las separaciones entre las familias de clase baja, ¿no aumentarán también las desigualdades en la sociedad?

Sí, evidentemente. Una persona que procede de un nivel social bajo suele tener ingresos bajos. Si además repite algunos patrones demográficos habituales en estas familias, como tener hijos a una edad temprana, la situación puede conducir a una relativa continuidad de falta de recursos. Y si a todo ello se suma una separación en el seno de la pareja, su economía empeora aún más.
 

Hay parejas que, aunque ya no se entienden, optan por continuar juntos en vez de separarse. ¿Cómo puede esto afectar al desarrollo de los hijos?

Sabemos que los hijos de padres divorciados a menudo acaban teniendo más dificultades que los hijos de padres que permanecen juntos. Pero cuando los padres son incapaces de crear un ambiente sano en el hogar, resulta igualmente perjudicial para los niños.

Está claro que los entornos familiares conflictivos, en los que incluso puede haber violencia doméstica, condicionan negativamente el desarrollo de los niños. Lo idóneo es que un niño crezca en un ambiente sano y seguro en el que pueda desarrollar vínculos fuertes con ambos progenitores.
 

¿Cómo pueden afectar a las futuras estructuras familiares los cambios sociales y demográ cos que estamos experimentando en la actualidad? Por ejemplo, los movimientos feministas que denuncian la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Con el aumento del nivel educativo de las mujeres y su mayor presencia en el mercado de trabajo, su papel en la familia está cambiando. Están ganando poder, lo que conduce a unas relaciones de pareja más equitativas.

Mi colega Gøsta Esping-Andersen observa que en el pasado se imponía un modelo de familia tradicional: el hombre aportaba el salario principal y la mujer cuidaba del hogar. En aquel contexto, las relaciones de pareja eran bastante estables.

Ahora nos movemos hacia un modelo en el que ambos miembros de la pareja comparten el trabajo remunerado y en las tareas del hogar se tiende hacia un incremento de las condiciones de igualdad. Esto también debería dar lugar a parejas estables.

Pero actualmente estamos en un apuro, situados en algún punto entre los dos modelos que he descrito. Y la gente no sabe realmente cómo manejarse en este contexto. La idea de Esping-Andersen es que en esta situación de incertidumbre, cuando la teoría y la práctica no coinciden, las relaciones son mucho más inestables. Y esto puede derivar en tasas de separación más altas y en un descenso de la natalidad.

Además, si ambos cónyuges tienen un poder equivalente en el seno de la pareja y no dependen excesivamente el uno del otro, también resulta más fácil para ellos acabar con la relación si esta no funciona según sus expectativas. De nuevo esto puede ser bueno, pero también aumenta el riesgo de que algunas personas puedan romper la relación demasiado pronto, sin hacer un auténtico esfuerzo para que funcione.

 

Entrevista por Juan Manuel García Campos

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