"El presente y el futuro pasan por la ciencia y la innovación"

Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación

Bioquímica con más de 30 años de experiencia en inmunología, virología y áreas relacionadas, Carmen Vela fue directora general y presidenta en Ingenasa, compañía biotecnológica dedicada a la salud animal, antes de su nombramiento en enero de 2012. Autora de varias publicaciones y patentes en Europa y Estados Unidos, ha sido también presidenta de la Sociedad Española de Biotecnología y de la Asociación de Mujeres Científicas y Tecnólogas.

 

¿Por qué son importantes la investigación y la innovación en la sociedad actual? ¿Qué importancia tienen para la economía?

La ciencia busca resolver problemas de la sociedad, a corto, medio o largo plazo, lo que debería bastar para apoyarla sin reservas. Sin embargo, hay quien critica que la ciencia necesita una gran cantidad de recursos y no garantiza ni resultados científicos aplicables ni económicos. Hay estudios que afirman que el impacto económico de la financiación en ciencia tiene resultados positivos a corto plazo, aunque no es fácil de demostrar. Lo que está claro es que los países que más invierten en ciencia son los más desarrollados social y económicamente. Y eso no es casualidad.

En el caso de la innovación, parece aceptada su relación directa con la productividad y la competitividad de las empresas. Pero tampoco es fácil de implementar. El gasto en sí mismo no garantiza la innovación, que es un proceso de negocio ligado a la estrategia de las empresas. No se trata de renovar la maquinaria, los programas informáticos o de adquirir nuevos vehículos, sino de  gestionar y emplear de manera eficiente los medios que tenemos a nuestro alcance para convertir las nuevas ideas en productos, procesos o servicios mejorados según nos demanda la sociedad.

 

¿Qué importancia tienen para el conjunto de la sociedad?

El presente y el futuro pasan por la ciencia y la innovación, de eso no hay duda. Sin I+D+i las sociedades no habrían evolucionado como lo han hecho. Y en los próximos años tenemos muchos retos que resolver que serían inabordables sin investigación e innovación: curar enfermedades, el cambio demográfico, la seguridad alimentaria, la sostenibilidad, conseguir un transporte inteligente, ecológico e integrado o una energía segura limpia y eficiente, detener el cambio climático… El objetivo último de la ciencia es mejorar la vida de las personas.

 

En un contexto de crisis económica ¿cómo defender que es necesario dedicar recursos públicos a la I+D+i?

Lo expuesto en la pregunta anterior debería ser suficiente defensa. Pero en una crisis tan profunda como la que hemos vivido es muy difícil quedarse al margen. La educación o la sanidad son igual de importantes y a todos nos ha correspondido hacer esfuerzos presupuestarios.

 

¿Cómo debe vertebrarse el importante aumento de presupuesto dedicado a I+D+i anunciado por el Gobierno para el 2020?

En la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y de Innovación nos pusimos como objetivo invertir un 2% del PIB para 2020. En España el máximo ha sido el 1,39% y ahora, tras la crisis, estamos en un 1,22%. Para llegar a ese 2% tendríamos que aumentar el gasto en I+D en unos 10.000 millones de euros. Sabemos que va a ser muy complicado alcanzarlo. Lo que sí podemos conseguir es que la Administración central alcance lo que le corresponde de ese 2%, lo que supondría aumentar la partida de I+D en los presupuestos generales del Estado en unos 250 millones de euros al año hasta 2020. Y esperamos que ese incremento anime a las comunidades autónomas y a las empresas, que son fundamentales en la ecuación.

 

¿Cuál es su opinión respecto a la posibilidad de que los centros de investigación no puedan recuperar el IVA soportado de su actividad económica?

Los temas de fiscalidad son especialmente sensibles y complejos y deben ser abordados en toda su amplitud. Somos conscientes de la problemática, en especial la que atañe a los centros de investigación y a las universidades, por lo que estamos trabajando con el Ministerio de Hacienda y Función Pública, responsable de la normativa tributaria, para encontrar una solución satisfactoria. Y hemos encontrado en ellos una enorme sensibilidad con este asunto.

 

La I+D+i, ¿pública o privada? ¿Cuál es la combinación adecuada? ¿Qué podemos hacer para mejorar la distribución actual?

Pública y privada, ambas imprescindibles. La UE establece que para conseguir un sistema de I+D+i saludable dos tercios de la inversión total deben ser privados. En Japón, EEUU, Corea del Sur o Alemania la aportación privada es superior al 65%, incluso cercana al 80% en algún caso. En España apenas superamos el 50%. Es un importante déficit que estamos intentando corregir. Desde 2012 hemos apostado por la colaboración público-privada y hemos trabajado con insistencia en acercar a los actores del sistema: universidades, empresas, organismos públicos y centros de investigación, parques tecnológicos… Lo primero que hicimos, en 2013, fue diseñar una única Estrategia de Ciencia y Tecnología y de Innovación que contemplara el recorrido completo de la idea al mercado, y no dos, como se hacía hasta ahora, una de investigación y otra de innovación.

 

 ¿Qué tenemos que hacer para competir en un contexto internacional tan competitivo por atraer I+D+i? ¿Cómo competir con las economías emergentes?

En España se hace muy buena investigación. Está claro que hay cosas que tenemos que mejorar, muchas, pero el avance científico ha sido más que considerable en nuestro país. Tenemos numerosos centros de primer nivel, investigadores con impacto mundial en muchas áreas, infraestructuras punteras, participación importante en las más destacadas instalaciones europeas e internacionales… Nuestro sistema cuenta con apenas 30 años, desde que se aprobara la primera Ley de la Ciencia en 1986. Desde entonces, el sistema español de ciencia, tecnología e innovación se ha revelado como un sistema capaz y eficaz.

España cuenta con el 0,7% de la población mundial y el 1,7% de los investigadores. Sin embargo, la ciencia española es responsable del 3,1% de la producción científica mundial, el 6,7% de las publicaciones en las revistas más importantes o el 4,5% de las más excelentes. No podemos ni debemos desmerecer lo conseguido.

La competitividad de la ciencia española se refleja también en el programa europeo de investigación e innovación, Horizonte 2020. Las empresas, universidades, organismos y centros de investigación españoles han conseguido en los tres primeros años (2014-2016) casi 2.000 millones de euros, lo que supone cerca del 10% de los fondos concedidos. Somos el cuarto país que más ayudas recibe, y eso que competimos con las mejores empresas, universidades y centros de investigación de Europa. Además, lideramos casi el 15% de los proyectos, muy por encima del objetivo que nos habíamos marcado. Son resultados muy buenos que demuestran que en este país hay talento y que el sistema es eficiente.

Pero, como decía, tenemos muchas cosas que corregir si queremos seguir siendo competitivos en un contexto como el actual. Tenemos que ganar en flexibilidad administrativa, mejorar la gestión, potenciar la colaboración público-privada, incrementar la agenda ciudadana y conseguir una financiación estable y creciente, tanto pública como privada.

 

¿Cómo se relacionan educación e investigación? ¿Cómo podemos asegurar que haya personas dedicadas a la ciencia en el medio y largo plazo?

Necesitamos incrementar las vocaciones científicas, en España y en el resto del mundo; es un problema que nos preocupa a la mayoría de los países. Soy una convencida de que el futuro pasa por una educación más interdisciplinar en la que tenga mucho más peso la creatividad, el método científico y el trabajo interactivo entre profesores y alumnos. La educación no debe basarse solo en aprender y adquirir conocimiento. La educación debe hacer pensar, debatir sobre los problemas del mundo real y tratar de resolverlos.

También creo que la ciencia y la educación superior deberían guardar una relación mucho más estrecha. No hay que olvidar que la universidad es responsable del 60% de la investigación que se hace en España.

 

¿Qué sectores habría que desarrollar en los próximos años? ¿Qué campos de la ciencia son los más prometedores?

En los últimos años el conocimiento ha evolucionado de tal forma que es interdisciplinar. No podemos hablar de sectores ni de áreas de conocimiento. Hay ámbitos de investigación, hay problemas que resolver, hay cuestiones científicas. 

Sí que podemos hablar de campos emergentes o prometedores. En nuestro país podemos incluir la bioeconomía, la medicina personalizada, la bionanotecnología, los nuevos materiales, las energías renovables de concentración solar, la biomasa, la energía eólica y eólica marina o la biodiversidad. España está también muy involucrada en supercomputación, en colaboración con otros países europeos. Es un ámbito esencial para hacer buena ciencia y para tener una industria competitiva. Las tecnologías cuánticas son otro ejemplo: la Unión Europea tiene un proyecto Flagship de tecnologías cuánticas por su importancia para el futuro de la industria europea y hemos estado involucrados desde el principio. Todas las áreas son importantes para el futuro y España tiene grupos de investigación destacados y con gran experiencia.

 

¿Cuál es el papel de las ciencias sociales y las humanidades en el conjunto de la investigación?

Son claves para el desarrollo y fomento de una investigación orientada a los retos de la sociedad, que tiene una estrecha relación con las ciencias sociales y las humanidades. No obstante, lograr incorporar esta visión en el marco de los proyectos de investigación de corte clásico, que son aún bastante "disciplinares", es un reto para nuestros investigadores. Hay investigación en humanidades y ciencias sociales, pero nunca desconectada o aislada, como tampoco la investigación en otros ámbitos debe estar desconectada del resto de los avances. Como decía antes, el conocimiento es cada vez más interdisciplinar.

 

¿Qué medidas podemos tomar para retener y atraer talento investigador?

Debemos seguir con programas de fortalecimiento institucional como el Severo Ochoa y el María de Maeztu. En estos centros y unidades de investigación son capaces de atraer y retener el mejor talento nacional e internacional. También con nuestros programas de RRHH como el Ramón y Cajal o el Juan de la Cierva. Tenemos que reforzar la figura de investigador distinguido: estos contratos son el germen de una nueva carrera científica no funcionarial, cuya continuidad queda condicionada al logro de resultados, como ocurre en países con sistemas científicos más avanzados. Y queremos flexibilizar y mejorar los modelos de contratación en las universidades y en los organismos públicos de investigación.

 

¿Cómo pueden estimularse las aportaciones filantrópicas a la ciencia, teniendo en cuenta que estamos muy lejos de los países con los que competimos en investigación?

El aumento de las aportaciones filantrópicas a favor de la ciencia es el resultado de un cambio en el modelo de participación de la sociedad. Llevamos desventaja respecto a otros países, sobre todo si nos comparamos con los anglosajones, que lo tienen muy arraigado. Esta creciente presencia de los ciudadanos ha cobrado gran importancia después de la Declaración de Roma de 2014 sobre Investigación e Innovación Responsable, que aboga por el avance de seis elementos relacionados con el estímulo de las aportaciones filantrópicas a la ciencia. Estos elementos son la educación científica, el acceso abierto, la participación ciudadana, la igualdad de género, el cambio de gobernanza y la visión ética.

 

¿Cabe esperar una mayor implicación de los ciudadanos a nivel privado, por ejemplo en la promoción o la financiación de la ciencia?

Sí, cabe esperar un incremento de la implicación ciudadana, porque éste supondría constatar a través del apoyo económico la tendencia positiva de otros indicadores como el aumento del interés espontáneo por la ciencia en la población española, la reducción de la brecha de género en ese interés y el aumento de la cultura científica.

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