Sobrecualificación y desempleo juvenil. Dinámicas de inserción laboral de los titulados universitarios

María Ramos, Investigadora postdoctoral en la Universidad Carlos III de Madrid

1. Expansión educativa y sobrecualificación en España

En las últimas décadas se ha producido en España una gran expansión educativa que no ha venido acompañada de un crecimiento equivalente de la demanda de trabajadores cualificados en el mercado de trabajo. En concreto, el aumento de titulados superiores como resultado de la expansión educativa ha sido constante y mayor que el incremento de la demanda de puestos altamente cualificados.

Como se observa en el gráfico 1, a mediados de los años noventa apenas había 3 millones de personas con titulación superior (universitarios y personas con títulos de Formación Profesional superior) y una cifra muy parecida de puestos para titulados superiores, es decir, para trabajadores no manuales de cuello blanco en ocupaciones directivas, profesionales científicos e intelectuales y técnicos de apoyo, los tres primeros grandes grupos de las clasificaciones internacionales de ocupaciones (ISCO-88 e ISCO-08). Sin embargo, según la Encuesta de la Población Activa (EPA), en septiembre de 2016 hay casi 11 millones de titulados superiores y apenas 6 millones de puestos acordes con esta cualificación: 10.932.500 titulados para 5.922.600 puestos de trabajo.

Debido al desajuste entre el gran aumento de titulados superiores y el menor incremento de la demanda de trabajadores cualificados, la sobrecualificación se ha ido haciendo cada vez más patente. De hecho, en comparación con otros países, el porcentaje de trabajadores sobrecualificados en España es bastante alto: se sitúa en torno al 20%, aunque la cifra varía según la edad o los años de experiencia laboral (Alba, 1993; Quintini 2011a, 2011b) y, ligeramente, según la definición o la fuente de datos utilizadas, se ha comprobado que una de cada cinco personas tiene un nivel de cualificación superior al que sería necesario para realizar correctamente su trabajo.

Aunque las cifras agregadas de trabajadores con un nivel de cualificación mayor que el requerido para sus puestos sean relevantes, estos porcentajes solo dan una idea parcial del problema del desajuste educativo, pero hay al menos tres razones que lo explican. La primera, porque se basan en estimaciones hechas en un momento específico del tiempo y para el promedio de trabajadores, y esta foto fija no permite identificar posibles cambios en el riesgo de sobrecualificación a lo largo de la vida laboral de los trabajadores. Por tanto, no se puede saber si son los mismos trabajadores los que permanecen mucho tiempo en esta situación o si la sobrecualificación se produce fundamentalmente en las etapas iniciales de la carrera laboral. La segunda, porque las medidas habituales de sobrecualificación no tienen en cuenta el desempleo ya que, por definición, se calculan atendiendo únicamente a los trabajadores. Sin embargo, es evidente que entre quienes quieren trabajar y no pueden también hay un desaprovechamiento de las cualificaciones y, por tanto, un desajuste educativo que merece la pena considerar. Y la tercera, porque una cifra agregada de sobrecualificación nada dice del diferente riesgo de desajuste educativo para titulados de diferentes disciplinas, es decir, de la heterogeneidad de los títulos en el riesgo de sobrecualificación.

Uno de cada cinco trabajadores tiene un nivel educativo superior al que sería necesario para desempeñar correctamente su trabajo y los jóvenes son los que tienen mayor riesgo de estar sobrecualificados.

El objetivo de este texto es profundizar en el desajuste educativo teniendo en cuenta estas tres consideraciones. Por eso se analiza en primer lugar su evolución en las etapas iniciales de la vida laboral; en segundo lugar se tiene en cuenta la sobrecualificación junto al desempleo; y por último, se analiza el desajuste educativo para titulados de diferentes disciplinas. Los análisis se basan en la Encuesta de Inserción Laboral de Titulados Universitarios, elaborada por el INE, que recopila información de más de 30.000 titulados universitarios que finalizaron sus estudios en el curso académico 2009-2010. El trabajo de campo se hizo 4 años después de completar su titulación universitaria y recoge no solo información relativa a la titulación cursada, sino también sobre la inserción laboral nada más salir de la universidad y 4 años después. Al hacer la encuesta, solamente se han tenido en cuenta a los menores de 35 años.

2. Sobrecualificación en las primeras etapas de la vida laboral

En todos los países, los jóvenes son el grupo de trabajadores con mayor riesgo de estar sobrecualificados. Para explicar esta regularidad normalmente una parte de la literatura especializada argumenta que la sobrecualificación es un fenómeno transitorio. Es decir, que al entrar en el mercado de trabajo se carece de experiencia laboral y, en consecuencia, es más frecuente aceptar trabajos para los que se está sobrecualificado, pero que al ir adquiriendo experiencia laboral se reduce la incidencia de la sobrecualificación (Sicherman, 1991). Sin embargo, la evidencia para algunos países, incluido España, muestra que hay una gran persistencia en la sobrecualificación. En otras palabras, que muchos de los que acceden a puestos para los que están sobrecualificados permanecen bastante tiempo en esa situación, mientras que para otros la sobrecualificación no es un problema en prácticamente ningún momento de su vida laboral (Ramos, 2015). 

Si nos fijamos en los datos más recientes para titulados españoles del gráfico 2, vemos que el porcentaje de jóvenes universitarios que están sobrecualificados en su primer empleo es bastante alto: 38%. Es decir, en el primer empleo tras salir de la universidad más de uno de cada tres titulados acceden a un puesto que requiere un nivel educativo de formación profesional de grado superior o grado medio, bachillerato o ESO, EGB. Cuatro años después el porcentaje agregado se reduce al 25%.

Las cifras son parecidas a las que se observaban en Reino Unido la década pasada, donde un 38% de los titulados estaba sobrecualificado en su primer empleo, y seis años después un 30% permanecía en la misma situación (Dolton y Vignoles, 2000). Sin embargo, estas cifras contrastan bastante con las de otros países como, por ejemplo, Italia, donde según algunos estudios la sobrecualificación tras acabar la carrera es del 13,2% y se reduce al 8% a los cinco años (Caroleo y Pastore, 2013).

3. Sobrecualificación y desempleo

Como ya hemos mencionado, las cifras de sobrecualificación se refieren, por definición, solo a los individuos que trabajaban en un puesto que requiere un nivel educativo inferior al que posee el trabajador. Sin embargo, para comprender mejor el valor de las titulaciones en el mercado de trabajo, tan relevante como conocer el grado de adecuación del puesto es identificar si existen dificultades para conseguir un empleo. Con este fin se ha calculado un indicador de desajuste educativo más completo que permite identificar simultáneamente para cada titulado la situación laboral en su primer trabajo (si trabajó alguna vez) y cuatro años después de salir de la universidad (si trabaja actualmente). En él se incorporan dos dimensiones: una temporal, para comparar la situación laboral en dos momentos diferentes del tiempo (en el primer empleo y cuatro años después de acabar la titulación); y una segunda dimensión relativa al empleo, para conocer el valor de la titulación universitaria no solo parade quienes trabajan, sino también de quienes no han conseguido un empleo (desempleo/sobrecualificación/trabajo adecuado). En la tabla 1 se representan las cinco categorias del indicador, y en el gráfico 3 se describe la distribución de titulados en esas categorias. 

En el gráfico se compara el desajuste educativo en el primer empleo tras acabar la titulación y la situación en el empleo actual, 4 años después de salir de la universidad. Lo más destacable es que menos de la mitad de los titulados universitarios (el 46%) consiguen trabajos adecuados a su cualificación tanto en su primer empleo como 4 años después de terminar la carrera (barra verde). De hecho, un 30% por ciento de los titulados universitarios no accede a empleos acordes con su formación en los 4 primeros años tras terminar su carrera: 15,5% estaban sobrecualificados tanto en el primer empleo como en el empleo actual (sobrecualificación persitente, barra roja), y otro 15% no trabajaba, tenía un empleo en el que estaba sobrecualificado, o bien no había tenido nunca un trabajo remunerado a los 4 años de haber acabado la carrera (barra gris).

Aunque ni la sobrecualificación persistente (barra roja) ni el estar fuera del mercado laboral 4 años después de acabar la carrera (barra gris) parezcan a priori las situaciones más deseables para los titulados universitarios, las implicaciones prácticas de una y otra situación son muy diferentes. Estar fuera del empleo unos años después de finalizar la titulación (barra gris) en ocasiones se debe a una extensión de los estudios o de la formación y, por tanto, no resulta particularmente problemático si se trata de inactividad (voluntaria) y no de desempleo (involuntario). 

Cuatro años después de salir de la universidad, un 30% de los titulados no ha accedido todavía a ningún empleo acorde con su formación, aunque un 46% consigue trabajos adecuados tanto en su primer empleo como cuatro años después de terminar la carrera.

Lo verdaderamente preocupante para los universitarios es la sobrecualificación persistente (barra roja); esto es, acumular durante años empleos para los que se está sobrecualificado. La razón es doble: por un lado, por la obsolescencia de las capacidades, es decir, porque los conocimientos y habilidades que no se ponen en práctica se deterioran y deprecian; y por otro lado, por un efecto de señalización, en el sentido de que acumular experiencias en trabajos menos cualificados da señales negativas a los potenciales empleadores futuros, pues se ha demostrado que quienes acumulan experiencias laborales en puestos para los que están sobrecualificados tienen menos probabilidades de escapar de esta situación que quienes están en la inactividad (Mavromaras & McGuinness, 2012; Ramos, 2015). En conclusión, que los trabajos menos cualificados no actúan como una plataforma para obtener más experiencia laboral y acceder a puestos mejores, sino que en buena medida son callejones sin salida que en muchos casos contribuyen a perpetuar el desajuste educativo.

4. La importancia del tipo de carrera y el origen social

No todos los universitarios tienen el mismo riesgo de sobrecualificación. De hecho, la carrera estudiada es un importante predictor de los resultados laborales posteriores: las probabilidades de empleo, los salarios o el riesgo de sobrecualificación. En lo que se refiere específicamente a la sobrecualificación y el desempleo, en el gráfico 4 se representan las cinco categorías analizadas anteriormente, pero en este caso distinguiendo entre titulaciones. Se observa que hay una amplia variación entre ámbitos de conocimiento en los resultados en el mercado laboral. En concreto, el riesgo de sobrecualificación persistente 4 años después de salir de la universidad (barras rojas) varía ampliamente entre titulaciones: es muy alto, superior al 25%, para las carreras del área de Turismo, Artes y Humanidades o Trabajo social; mientras que en otras como Medicina o Enfermería y Ciencias de la salud es muy bajo, inferior al 5%.

Estos resultados son coincidentes con los observados en investigaciones previas sobre el desajuste educativo en España por área de estudios, en los que se observa sistemáticamente que hay un mayor riesgo de sobrecualificación entre titulados en Artes y Humanidades, Ciencias de la educación o Ciencias sociales; mientras que el riesgo de sobrecualificación es mucho menor en ingenierías, Arquitectura o carreras de Ciencias naturales y del área de la salud (Ortiz & Kucel, 2008; Barone & Ortiz, 2011; Marqués & Gil-Hernández, 2015).

La sobrecualificación no es transitoria sino persistente, sobre todo en titulaciones como Turismo, Artes y Humanidades.

No hay una única explicación de por qué algunas titulaciones dan acceso a unas trayectorias laborales mucho más exitosas que otras en términos de desajuste educativo. Podríamos identificar básicamente dos tipos. La primera explicación tiene que ver con las habilidades y conocimientos que se adquieren en las diferentes carreras. A este respecto se ha argumentado que hay carreras más generalistas, como las Artes, Humanidades o Ciencias sociales en las que se desarrollan habilidades transversales y aplicables a un rango amplio de ocupaciones; mientras que otras como Arquitectura, Medicina, Enfermería o las ingenierías proporcionan habilidades específicas para desempeñar una única ocupación (Robst, 2007). Sin embargo, siendo cierto que las titulaciones académicas tienen distinto valor en el mercado de trabajo, no hay que olvidar una segunda explicación complementaria que se situaría en el momento previo a la entrada en la universidad: las características de los estudiantes y de sus familias, que influyen en la decisión de estudiar una u otra carrera (Arcidiacono et al., 2012), como pueden ser la capacidad intelectual y los resultados académicos previos o la posición social de origen.

En realidad, ambas explicaciones operan simultáneamente y no es sencillo distinguir el efecto de la titulación estudiada y el origen social, porque en buena medida la propia decisión de la carrera estudiada está muy influida por la posición socioeconómica de la familia. Además, podría suceder, como se ha demostrado en el caso de Italia, que el efecto del área de estudio en el riesgo de sobrecualificación sea distinto para los titulados según su origen social (Capsada, 2015). De hecho, de un conjunto de países europeos analizados por Barone & Ortiz, 2011 (España, Italia, Austria, Alemania, República Checa, Países Bajos, Noruega y Finlandia), España es el único en el que se observan marcados efectos del origen familiar en el riesgo de sobrecualificación, es decir, donde la clase social influye fuertemente en la sobrecualificación.

Los trabajos menos cualificados no suelen ser una plataforma para obtener más experiencia laboral y acceder a puestos mejores, sino que se convierten en callejones sin salida que perpetúan el desajuste educativo.

Las investigaciones previas centradas en España sugieren que el origen socioeconómico de la familia tiene una gran influencia en el riesgo de sobrecualificación, incluso teniendo en cuenta el tipo de carrera. En este sentido, Ortiz & Kucel (2008) observaron que hay diferencias significativas en la probabilidad de estar sobrecualificado para diferentes áreas de estudio. Y el resultado se mantiene incluso después de tomar en consideración la autoselección de los individuos de diferentes orígenes sociales en diferentes áreas de estudio, es decir, incluso teniendo en cuenta que la elección de estudio varía según el origen social. Por su parte, Marqués & Gil-Hernández (2015) comprobaron también que, una vez considerados el área de estudios y otros factores adicionales como, por ejemplo, las calificaciones o características del empleo, existe un efecto significativo del origen social (medido a través de la educación del padre) en la probabilidad de sobrecualificación. Dicho de otra manera, los individuos cuyos padres tienen un nivel educativo más alto tienen menos riesgo de sobrecualificación, incluso con la misma experiencia laboral, carrera universitaria y nota media.

En definitiva, estos resultados sugieren que la posición social de origen tiene un efecto indudable en el desajuste educativo. Este efecto se da tanto directamente como indirectamente a través de su influencia en las elecciones educativas. Estos resultados tienen implicaciones en relación con la política social y educativa. Por tanto, si se quiere reducir el efecto del origen social sobre los resultados laborales de titulados, una de las soluciones posibles consiste en propiciar, mediante becas o ayudas al estudio, que el origen social no sea tan determinante en las trayectorias educativas y los resultados laborales.

María Ramos, Investigadora postdoctoral  

Universidad Carlos III de Madrid

5. Referencias

Alba, A. (1993): «Mismatch in the Spanish labor market: Overeducation?», Journal of Human Resources, 259-278.

Arcidiacono, P., V. J., Hotz, & S. Kang (2012): «Modeling college major choices using elicited measures of expectations and counterfactuals», Journal of Econometrics, 166(1), 3-16.

Barone, C., & L. Ortiz (2011): «Overeducation among European University Graduates: a comparative analysis of its incidence and the importance of higher education differentiation», Higher Education, 61(3), 325-337.

Capsada, Q. (2015): «The role of social origin and field of study on graduates’ overeducation: the case of Italy», Higher Education, 69(5), 779-807.

Caroleo, F. E., & F. Pastore (2013): «Overeducation at a Glance: Determinants and Wage Effects of the Educational Mismatch, Looking at the AlmaLaurea Data», IZA Discussion Paper, núm. 7.788.

Dolton, P., & A. Vignoles (2000): «The incidence and effects of overeducation in the UK graduate labour market», Economics of Education Review, 19(2), 179-198.

Marqués, I., & C. J. Gil-Hernández (2015): «Social Origins and Over-Education of Spanish University Graduates: Is Access to the Service Class Merit-Based?», REIS, 150, 89-112.

Mavromaras, K., & S. McGuinness (2012): «Overskilling dynamics and education pathways», Economics of Education Review, 31(5), 619-628.

Ortiz, L., & A. Kucel (2008): «Do fields of study matter for over-education? The cases of Spain and Germany», International Journal of Comparative Sociology, 49(4-5), 305-327.

Quintini, G. (2011a): «Over-Qualified or Under-Skilled: A Review of Existing Literature», OECD Social, Employment and Migration Working Papers, núm. 121, OECD Publishing, París.

—(2011b):  «Right for the Job: Over-Qualified or Under-Skilled?», OECD Social, Employment and Migration Working Papers, núm. 120, OECD Publishing, París.

Ramos, M. (2015): «Overeducation among Spanish graduates: stepping-stone or dead-end?», Competencies, firms and qualification mismatch. Returns to education and their limits. Doctoral thesis, Department of Economics, UAH.

Robst, J. (2007): «Education and job match: The relatedness of college major and work», Economics of Education Review, 26(4), 397-407.

Sicherman, N. (1991): «"Overeducation" in the Labor Market», Journal of Labor Economics, 9(2), 101-122.

 

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María Ramos, Investigadora postdoctoral en la Universidad Carlos III de Madrid

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