Urnas vacías en los suburbios de las ciudades


Braulio Gómez, Investigador en ciencia política en la Universidad de Deusto
Manuel Trujillo, Coordinador de la Unidad Estadística del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC)

El 72% de la población europea, más de 350 millones de ciudadanos, habita en las ciudades. Y se espera que antes del año 2050 llegue al 80%. La desigualdad que existe en una gran ciudad alcanza niveles que no se observan en una comparación entre países. En las grandes urbes hay barrios de familias con cuatro automóviles, tres casas y dos neveras a unos centenares de metros de espacios donde viven individuos sin calefacción, sin salud, sin trabajo, sin familia ni amigos ni conocidos. A veces, están separados tan solo por una carretera o una avenida. Pero esa frontera urbana es letal. Los ciudadanos que sufren todo tipo de carencias están concentrados en unos barrios concretos y rodeados de personas en la misma situación, formando un espacio de exclusión social, económico y, lo que nos interesa en este documento, político. 

Cuando se dibuja el drama de la exclusión social, se alerta, sobre todo, del escenario de privación múltiple que afecta al plano económico y social de los excluidos. La ruptura de los vínculos sociales y la carencia de recursos económicos impiden a veces tener en cuenta la exclusión política que sufren los más débiles de nuestra sociedad. En un estudio para la Fundación Alternativas (Gómez y Trujillo, 2011) localizamos unos agujeros negros de la democracia que coincidían casi milimétricamente con los barrios marginales de las grandes ciudades cuyos habitantes, en su mayoría, no participan en el proceso electoral. Y demostrábamos la existencia de una relación causal entre vivir en una sección electoral caracterizada como excluida socialmente y no participar en las elecciones. Estos barrios de pobreza extrema coexisten a menos de una manzana con espacios donde los ciudadanos desarrollan su proyecto vital con los recursos necesarios para tener una razonable calidad de vida y participan mayoritariamente en las elecciones.

A pesar de una participación media elevada en el último ciclo electoral, en algunas barriadas caracterizadas por su mala condición de vida dos de cada tres ciudadanos no introduce sus preferencias en las urnas a través de su voto. En este documento volvemos a presentar datos que demuestran que los nuevos movimientos sociales y políticos que han transformado los sistemas políticos locales, autonómicos y estatal en España en los dos últimos años se han desarrollado al margen de las zonas más pobres de las ciudades, que siguen concentrando y casi monopolizando el ranking de la abstención extrema.

1. Más allá de la exclusión social y económica: la exclusión de la democracia

Debido a la crisis el número de personas afectadas por el riesgo de pobreza y exclusión ha aumentado sustancialmente en la mayoría de las ciudades europeas (EC 2013). En España hay más de 8 millones de personas en riesgo de exclusión social (véase la tabla 1). La mayor parte de las definiciones de la exclusión social tienen en cuenta los problemas de acceso a los bienes y derechos de que goza la sociedad de la que forma parte la persona excluida. Dentro de los bienes están la vivienda, la alimentación o los recursos económicos y energéticos; y entre los derechos, la salud, la educación, el empleo, las relaciones sociales y la participación en las decisiones públicas. Sin embargo, este último aspecto no está entre los más estudiados, posiblemente porque no haya muchos datos sobre el mismo o porque los que hay no se han relacionado con la exclusión social o con las malas condiciones de vida en general. Por ejemplo, en el listado de indicadores de exclusión y pobreza establecido en 2001 por el Comité de Protección Social de la Unión Europea, llamados habitualmente Indicadores de Laeken, no aparece ninguno sobre participación política ni nada similar, aunque también es cierto que este listado se reduce prácticamente a indicadores de recursos económicos, con alguna referencia a empleo, salud y educación.

Sabemos que la distribución espacial de la pobreza está influenciada por factores socioeconómicos, pero también tienen un importante poder explicativo otras variables relacionadas con el capital social, el comportamiento político, la cultura o la capacidad para acceder a los recursos colectivos e influir en la toma de decisiones. Tener vecinos que votan, que tienen trabajo y educación universitaria ayuda a salir de la pobreza. Lo mismo que un determinado diseño urbano o un plan de regeneración de vivienda puede contribuir a mejorar la calidad de vida de la población desfavorecida.

Varios trabajos nos han ofrecido abundante evidencia empírica sobre la importancia del capital social (esencialmente confianza, normas de reciprocidad y redes de compromiso cívico, Putnan, 2000) o de la integración en algún tipo de red como un factor estimulante de la participación electoral (Putnam, 2000; Rosenstone y Hansen, 1993). La teoría de la movilización propone que la gente participa en mayor medida si alguien le aconseja que lo haga. Es decir, que el capital social o relacional, ya se consiga en el espacio laboral, en el religioso, en el afectivo o en el amistoso, aumenta la probabilidad de que los ciudadanos participen. Cuantas más ventanas abiertas al mundo exterior, más posibilidades de recibir estímulos e información política que incrementen las ganas de participar en los distintos procesos electorales. Por ejemplo, los inmigrantes suelen están sobrerrepresentados en los espacios de exclusión. La participación electoral es contagiosa, por tanto, la concentración de personas sin derecho a voto en los espacios de exclusión estaría potenciando un entorno abstencionista perjudicial para la inclusión política de los más desfavorecidos. 

En las ciudades existen agujeros negros de la democracia que coinciden casi milimétricamente con los barrios marginales en los que la mayoría de los habitantes no participan en los procesos electorales.

La relación entre pobreza y participación electoral se ha documentado muy bien en EE. UU. (Kepplner, 1982) y el Reino Unido (Denver y Hands, 1985). Únicamente en estos países es habitual, tanto en el entorno académico como en los medios de comunicación, encontrar análisis desagregados de participación dedicados a analizar y denunciar la exclusión electoral de los más desfavorecidos de las ciudades. Como último ejemplo, en el referéndum de la independencia de Escocia de 2014 se volvía a recordar que, a pesar de la alta participación registrada en su ciudad más poblada, Glasgow, la mayoría de los habitantes de los distritos más pobres no había tomado parte en una decisión colectiva tan relevante para el destino de sus vidas. En cambio, en la Europa continental en general y en España en particular, los estudios sobre participación electoral no han analizado el comportamiento de los pobres y los excluidos en las elecciones ni se han preocupado de resaltar el problema de la abstención extrema que se da en algunos suburbios de las grandes ciudades, quizá porque tan solo representan un 5% del electorado, como se observa en la tabla 1. 

2. ¿Por qué es importante la desigualdad electoral?

La participación electoral depende tanto de factores estructurales como del contexto político. A pesar de que en los últimos años se está prestando más atención a la fuerza explicativa de las variables políticas relacionadas con la desafección, la desigualdad social se recoge de forma persistente en la participación electoral. La falta de participación por motivos políticos afecta de manera distinta a los grupos sociales. Aunque el voto es la menos desigual de todas las formas conocidas de participación, dejaría de cumplir su condición igualitaria si excluyera sistemáticamente a algunos de los grupos que componen la sociedad.

Cualquier definición de democracia, desde la más minimalista a la más resultadista, entiende como un principio esencial del sistema el derecho a la participación electoral de todos los ciudadanos en igualdad de condiciones. Se entiende que todos los votos valen igual, desde el del más poderoso al del más pobre de la sociedad. La participación electoral es un mecanismo que puede corregir las desigualdades socioeconómicas.

Una de las dimensiones más relevantes del buen funcionamiento de la democracia representativa es su sensibilidad para recoger las demandas de todos los ciudadanos e introducirlas en la toma de decisiones políticas. Un problema importante sería que un determinado grupo de ciudadanos participara en menor medida que el resto y sus preferencias políticas no fueran introducidos en el sistema a través del voto. La democracia no funcionaría bien si no existieran las mismas oportunidades de participación política para las mujeres, para los ciudadanos con menos formación, para los que no llegan a determinada edad o la sobrepasan, para los que tienen menos recursos económicos o para los que viven en determinados barrios.

3. La abstención extrema y el nivel de exclusión social por barrios en las elecciones de 2015

En este apartado comprobamos si la relación que encontramos entre la exclusión social y la abstención extrema de los barrios más desfavorecidos de las ciudades antes del estallido de la gran crisis económica y política se mantiene a partir del análisis de las elecciones andaluzas y municipales celebradas en 2015. Los datos de las elecciones andaluzas nos sirven para analizar por primera vez los resultados de unas elecciones autonómicas celebradas en la comunidad autónoma que concentra más zonas de exclusión dentro del Estado español. La unidad de medida que nos interesa para captar con más precisión los espacios excluidos de la participación política es la sección electoral. Según el artículo 23 de la Ley Electoral, las circunscripciones en España están divididas en secciones y cada sección incluye un máximo de 2.000 electores y un mínimo de 500; cada municipio tiene por lo menos una sección.

La sección electoral en las ciudades de tamaño medio y grande suele coincidir con barrios, lo que nos permite observar qué tipo de características tienen los barrios que registran los valores más extremos de abstención. Siguiendo la literatura sobre exclusión social (Gómez y Trujillo, 2011) hemos categorizado las secciones electorales en función de su integración o de su exclusión social. Las secciones categorizadas como excluidas son las habitadas por los que concentran todo tipo de carencia de recursos que les impiden escapar de forma autónoma de su condición de excluidos. Las variables tienen en cuenta la ocupación, la educación, el capital social, la vivienda y los recursos económicos. Para nuestro análisis, usamos algunos indicadores de las dimensiones relacionadas con la exclusión social, a la vez que desarrollamos un indicador compuesto de exclusión social, utilizando en todos los casos datos del Censo de Población y Vivienda de 2012.

Las elecciones andaluzas del 22 de marzo 2015 eran el escenario perfecto para comprobar el efecto de la nueva oferta electoral, representada por los partidos de reciente creación, en la atracción de los más desfavorecidos a las urnas. Más de la mitad de las 100 secciones electorales con mayor abstención de España se concentran en territorio andaluz, cuyo índice de pobreza y exclusión es uno de los más altos de Europa, y un 22% de sus hogares sufre algún tipo de exclusión social, lo que supone más de dos millones de andaluces en situación de exclusión (FOESSA, 2014). En estas elecciones no se registró ninguna iniciativa para acercar a las urnas a los ciudadanos de los barrios marginales, los que más necesitan la ayuda del Estado. La opción dominante elegida por los nuevos partidos fue potenciar la participación a través de internet, con resultados más que dudosos, ya que son los ciudadanos con menos recursos económicos y los de clase más baja los que menos acceden a la red en busca de información política y aún menos participan o toman decisiones en las nuevas ventanas digitales. 

La tabla 2 recoge las secciones electorales que registraron la participación más baja en las elecciones andaluzas de 2015 y el grado de exclusión que sufren, en función de los datos del censo de Población y Vivienda de 2012. La muestra se divide en cuatro cuartiles que representan cuatro tramos iguales de exclusión social. Dentro del 4.º cuartil están incluidas el 25% de las secciones electorales con mayor exclusión social. La exclusión extrema corresponde a los valores más altos de exclusión dentro de 4.º cuartil, y los valores atípicos, a las secciones que registran una exclusión social muy superior al resto. Más información metodológica en Gómez y Trujillo, 2011.

Si la abstención fue la opción elegida por el 34% de los andaluces, en la tabla de secciones electorales más abstencionistas vemos que esta cifra se disparó al doble en algunos de los barrios de las principales ciudades, llegando hasta el 83% en una de las secciones que componen el Polígono Sur de Sevilla. ¿Qué tienen en común el Polígono Sur de Sevilla, el Puche de Almería, los Asperones y Palma-Palmilla de Málaga o Almanjáyar de Granada, los barrios que registran esta abstención extrema? Son barriadas que sufren una exclusión severa, forman parte de esa pobreza estigmatizada que nadie quiere ver ni tener cerca. Esas secciones electorales tienen la mayor concentración de ciudadanos que lo han perdido todo: trabajo, relaciones sociales, vivienda o salud, por no hablar de los recursos económicos.

Dos meses más tarde, en mayo de 2015, se celebraron las elecciones municipales en todo el territorio español; los datos de participación confirmaron que la exclusión electoral crónica de las barriadas urbanas más pobres seguía allí. En la siguiente tabla figuran las 75 secciones electorales donde se registró la abstención más extrema en estas últimas elecciones locales. La tabla se incluye en el cuerpo de texto para visibilizar estos agujeros negros de la democracia, evitar su olvido y la pérdida de sus nombres en los anexos de lectura poco probable.

La correlación entre vivir en una zona caracterizada por la carencia de todo tipo de recursos y la abstención electoral continúa siendo altísima, con el agravante de que cada vez hay más ciudadanos que viven en estos barrios marginales, en los que se ha incrementado el número de personas que se pueden categorizar como pobres. 

Entre las 100 secciones electorales donde hay una mayor diferencia entre la abstención propia y la media de abstención en dicho municipio, tan solo 9 pertenecen a ciudades de menos de 100.000 habitantes. Y todas ellas se caracterizan por estar situadas en barrios que padecen algún grado de exclusión social, en su mayoría exclusión extrema. Hay barrios donde más del 75% de sus habitantes no participan, como la Cañada Real de Madrid, Virgen del Carmen en Alicante o Sant Cosme en el Prat de Llobregat. 

En estas elecciones municipales, los nuevos movimientos sociales procedentes de la indignación del 15M lograron una importante representación a través de diferentes plataformas políticas. De hecho alcanzaron el poder en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza. Si observamos los datos de la sección más abstencionista de cada una de las grandes ciudades (tabla 4), veremos que en cada una de las ciudades no solo coincide milimétricamente con un barrio desfavorecido caracterizado por su exclusión extrema, sino también con la situación de elecciones anteriores.

Curiosamente en todos estos barrios se han desarrollado planes específicos para erradicar la pobreza, centrados en la vivienda, la salud y el empleo, dirigidos por sus ayuntamientos, pero ninguno de ellos ha articulado medidas para incrementar el capital social y el empoderamiento político de los habitantes de estos barrios, que son los que más necesitan del Estado para desarrollar su proyecto vital y, por tanto, los más interesados en determinar con su voto las políticas públicas. Torre Baró, en Nou Barris, concentra la mayor parte de demandas de ayudas sociales en Barcelona. La Cañada Real, la Coma o los Asperones en los últimos años han tenido intervenciones más allá de la asistencia humanitaria, destinadas al desarrollo socioeducativo. La mayoría de estos barrios tiene una importante presencia del colectivo gitano, que concentra una buena parte del abstencionismo extremo y que debería ser objetivo prioritario en la inclusión social y política de estos barrios. En el Polígono Sur de Sevilla, lleva funcionando desde hace años la plataforma “Nosotros también somos Sevilla”, que manifiesta reiteradamente su queja hacia todas las instituciones políticas por su desconexión política con el resto de la ciudad. En el mismo sentido, tanto la barriada de Corea, en Palma de Mallorca, como las zonas más marginales del barrio de Otxarkoaga, en Bilbao, han dado muestras de su autoorganización vecinal para mejorar la calidad de vida de su entorno y, a pesar de haber recibido importantes recursos públicos y ayudas directas, no se han incorporado a la democracia. En un estudio anterior (Gómez y Trujillo, 2011) demostrábamos que recibir ayudas directas del estado no incrementa la probabilidad de votar de los ciudadanos excluidos socialmente. 

4. Conclusiones

Si vives en un barrio de una gran ciudad caracterizado por su situación de exclusión social, tienes una alta probabilidad de no participar en ningún tipo de elección. La localización de los puntos negros de la democracia, secciones electorales donde la mayoría de los habitantes no vota, coinciden casi milimétricamente con los suburbios de las ciudades caracterizados por su falta de recursos y derechos. Son zonas donde se concentran los problemas económicos, de salud, de vivienda, de empleo, de relaciones sociales y que además sufren una severa exclusión política, como muestran los datos de este trabajo.

La pobreza en sí misma no es un factor que explique la falta de participación electoral en países como España, a diferencia de lo que sucede  en EE. UU., Reino Unido o Suiza. Los estudios han destacado siempre que las elecciones eran la forma de participación más igualitaria  (Gallego, 2015), ya que los recursos socioeconómicos no explicaban la abstención en las elecciones españolas. En este trabajo acercamos el microscopio a los espacios urbanos donde se concentra la abstención extrema y descubrimos que los más pobres de España, al igual que los más pobres de EE. UU. o el Reino Unido, están fuera de la democracia. 

Aunque el voto es la menos desigual de todas las formas de participación, dejaría de cumplir su condición igualitaria si excluyera sistemáticamente a algunos de los grupos que componen la sociedad.

La abstención extrema que se localiza en barrios caracterizados por su exclusión social se explica por la alta concentración de ciudadanos desconectados de la vida laboral. Los parados votan menos; desconectados de la vida social, el capital social influye determinantemente en el voto. Hay barrios con alta densidad de ciudadanos que no votan porque legalmente no pueden (los inmigrantes), y ciudadanos de etnia gitana que quedan excluidos de la vida política. El sentimiento de ineficacia política también es más elevado entre los ciudadanos excluidos (FOESSA, 2014) que entre los ciudadanos incluidos. Los ciudadanos más activos de estos barrios, que se caracterizan por un alto capital social, votan más que el resto, pero son minoría. Por último, hay ciudadanos desconectados de la era digital, lo que no ha hecho sino incrementar la brecha de información política que tienen los incluidos respecto a los excluidos. No olvidemos que la información es un activo político que afecta significativamente a la participación.

La participación electoral es un derecho que tiene cada individuo para tomar parte en el proceso por el que se toman las decisiones que afectan directamente a su vida. Y también forma parte de la solución a la pobreza y a la exclusión social. Las políticas de erradicación de la pobreza son más efectivas y sostenibles si la población objeto de la intervención social se involucra a través de su participación. Todos los barrios excluidos que presentamos en este trabajo asociados a la abstención extrema han sido objetivo prioritario de diferentes políticas dirigidas a mejorar sus condiciones de vida, en sus aspectos más económicos y sociales (salud, vivienda, educación, empleo, ayudas económicas directas); en cambio, no ha habido iniciativas reseñables para incorporar a los excluidos al censo electoral activo. La Unión Europea apuesta por la inclusión política como factor corrector de la pobreza; uno de los objetivos del plan  Acciones Urbanas Innovadoras 2014-2020 (372 millones €) es la puesta en marcha de iniciativas que contribuyan a mejorar la participación política en las áreas urbanas. Este tipo de iniciativa permitiría al mismo tiempo empoderar a los ciudadanos excluidos para que puedan contribuir a la salida de su mala condición.

Por último, cabe destacar que la nueva oferta electoral, impulsada por la gran crisis económica y política, no ha acercado a los más desfavorecidos a las urnas. Los más pobres no se han enterado de la nueva política. Tampoco la nueva política ha sido lo suficientemente innovadora y creativa para atraer a las urnas a los ciudadanos que viven en los barrios marginales. Si el combate se está librando entre los de arriba y los de abajo, los que por debajo solo tienen el abismo siguen fuera de la democracia; de la participativa, de la deliberativa y, lo que es peor para sus intereses, de la representativa. 

 

Braulio Gómez, Investigador en ciencia política en la Universidad de Deusto

Manuel Trujillo, Coordinador de la Unidad Estadística del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC)

5. Referencias

Denver D., y R. Hands (1985): «Marginality and turnout in general elections in the 1970s», British Journal of Political Science, 15(3).

Denver, D., y R. Hands (1974): «Marginality and turnout in British general elections», British Journal of Political Science, 4(1).

European Comission (EC) (2013): The urban and regional dimension of the crisis. 8th progress report on economic, social and territorial cohesion, Bruselas: European Comission.

FOESSA (2014): VI Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2008, Madrid: Fundación FOESSA [http://www.foessa.es/publicaciones_Info.aspx?Id=379].

FOESSA (2013): Encuesta sobre integración social y necesidades sociales, Madrid: Fundación FOESSA.

Gallego, A. (2015): Unequal political participation worldwide, Nueva York: Cambridge University Press.

Gómez Fortes, B., y M. Trujillo (2011): Los excluidos también pueden votar: abstención y exclusión social en España, Madrid: Fundación Alternativas [http://www.falternativas.org/laboratory/documentos/documentos-de-trabajo/los-excluidos-tambien-pueden-votar-abstencion-y-exclusion-social-en-espana].

Kleppner, P. (1982): Who voted? The dynamics of electoral turnout, 1870-1980, Nueva York: Praeger.

Putnam, R. (2000): Bowling alone: the collapse and revival of American community, Nueva York: Simon & Schuster.

Rosenstone, S.J., y J.M. Hansen (1993): Mobilization, participation, and democracy in America, Nueva York: Macmillan.

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Braulio Gómez, Investigador en ciencia política en la Universidad de Deusto
Manuel Trujillo, Coordinador de la Unidad Estadística del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC)

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